Parece que ha pasado un mundo y hace tan sólo siete días que viajé a Madrid a ver a Megadeth. Si no me notasteis especialmente emocionado en el pre, ni me notáis ahora en el post… tenéis razón. En fin, últimamente no me emociono con facilidad, sólo lo consigue Eastwood y alguna canción que pulula por mi vida y que escucho como por casualidad, como quien recibe una bala perdida que salió hace años del cañón.
El caso es que ahora que estoy dejando el heavy, sonaba un tanto extraño eso de dejarme salud y dinero en aquella odisea de dos días… pero hay ocasiones en las que desconectar, viajar, masificarse… bueno, ya sabéis… a veces se necesitan estas cosas, o si no se necesitan, al menos te vienen bien.
No quiero engañar a nadie. La rojiza llanura castellana no es el mejor antídoto para los problemas existenciales, pero a mí me ocurre que, cuando viajo, la soledad se me hace inmensamente agradable… quizás sea porque avanzas hacia algo distinto y desconocido en donde no hay pasado, y yo suelo ser optimista en estas circunstancias. Así que entre horizonte y horizonte que íbamos conquistando, encontraba en mi introspección cierta paz espiritual que se acomodaba en la monotonía del paisaje. Cuando estás más de cinco horas en un bus y no puedes leer porque te mareas, llega un momento en el que ya no tienes nada en que pensar. La conciencia de ese momento es muy hermosa. Es muy hermosa porque puedes escoger en qué o en quién pensar, y porque lo que piensas no te atormenta sino que es bonito. ¿Os dais cuenta?... escoger en qué pensar sin un futuro incierto o un pasado oscuro luchando desde dentro por hacerte vomitar… en esta sociedad occidental y en estos tiempos que corren, tiene que ser algo delicioso.
Pero me estoy desviando del tema. Lo importante debería ser el concierto… Megadeth… (probablemente el único grupo de heavy que iría a ver junto a Metallica, Scorpions y Dream Theatre); cualquier estereotipo que pretenda aplicársele al grupo no es más que un prejuicio injusto propiciado por un nombre poco afortunado (Megamuerte¿?). Es una banda compleja, que juega mucho con las primeras cuerdas y los trastes altos. Lo que me gusta de su música es la simbiosis que se produce entre las dos guitarras y la batería conformando una estructura melódica de arquivoltas y tirabuzones. Las guitarras se entrelazan en el aire a una velocidad vertiginosa, intercambiando primeros y segundos planos, hablándose… armonía y textura…
El líder del grupo se llama Dave Mustaine. Para los no iniciados, deciros que este hombre formaba parte de la primera etapa de Metallica (Mustaine, Burton, Heantfield y Ulrich) y cuenta la leyenda que durante una gira sus compañeros, hartos de su estado de ebriedad constante, en una de sus tajadas más considerables, lo metieron en un avión y lo mandaron de vuelta a casa… Luego formó su grupo y le quitó un buen porcentaje de ventas a Metálica, además de convertirse en el único competidor serio que tienen los Californianos por la hegemonía del trash.
Físicamente, tiene rostro de irlandés que está dejando la bebida. En los conciertos, da la impresión de que te mira. Entre su pelo cobrizo ves aparecer su pupila clavándose en ti… Y acojona… después de todo, quizás me estuviese mirando a mí, aunque lo dudo…
Por cierto, el concierto fue una mierda. Típico concierto de gira… llegan, tocan, se van y ahí os quedáis… claro que Megadeth haciendo eso hace el segundo mejor concierto de mi vida… (mejor los Maiden en Coruña)
Si queréis que os cuente algo sobre Madrid, hubo un cantante que la describió mejor de lo que yo podré hacerlo nunca…
Casi todo en mi vida pasó hace mucho tiempo
Ve delante yo te sigo, aunque sea al infierno…
Nada enseñan los años, siempre los mismos errores,
Traficando con deseos, voy comprando ilusiones.
Nací en el vagón de carga de un tren
Un día lleno de invierno en una noche sin cielo.
Mi destino lo hago a la vez
Que voy de viajero por el mundo de mis sueños.
Y así, paso por la vida
Que está más desafinada que mi pobre guitarra.
Y así, paso por la vida,
Dónde dormiré esta noche, dónde descansar mañana.
Mientras vivo y bebo en Madrid,
Mi casa no tiene techo, es una escalera de metro.
Mientras bebo y muero en Madrid,
Mi casa no tiene techo, es una escalera de metro
La mitad de mi dinero gastado en alcohol y mujeres,
La otra mitad malgastado cumpliendo con mis deberes.
Nunca estuve encerrado, pero no es para estar contento,
Pues con la vida que llevo es cuestión de tiempo.
Antes tenía un coche abollado,
Un trabajo sin futuro… bailaba con la más fea.
Ahora soy un hombre cansado,
Que mezcla wisqui y tristeza en una calle sin acera.
Con los bolsillos vacíos voy andando más ligero,
El sueño pegado a los ojos… telarañas de un mal sueño.
En la ciudad sin esperanza las calles son un desierto,
A todos esto, la noche ha cerrado por completo…
Llega la madrugada otra vez,
Y nos dan lo que ellos quieren por lo poco que nos queda,
Pronto ni una sombra seré…
El cielo escapa del cielo siempre a media jornada,
A siete años de casa nadie da nada por nada.
Bien poco vale la vida, ya ves que bien poco vale,
Depende la suerte que tengas,
Cuando vives en las calles.
Vuela la bala que me ha de matar,
No me queda nada que soñar,
Siempre de un lado a otro
Y el silencio al final.
Y así, pasé por la vida,
Que está más desafinada que mi pobre guitarra…
Adiós tristeza
Buenos días tristeza
Estás inscrita en las líneas del techo
Estás inscrita en los ojos que amo
No eres del todo la miseria
Pues los labios más humildes te proclaman
En una sonrisa
Buenos días tristeza
Amor de los cuerpos amables
Fuerza del amor
Cuya amabilidad brota
Como un monstruo sin cuerpo
Cabeza decepcionada
Tristeza hermoso rostro
“dudo en dar el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza, a este desconocido sentimiento cuyo tedio y dulzura me obsesionan. Es un sentimiento tan completo, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, mientras que la tristeza me ha parecido siempre algo honroso. Conocía el aburrimiento, la añoranza, en menor medida el remordimiento, pero de la tristeza no había tenido experiencia alguna. Hoy algo se repliega sobre mí, como un tejido de seda, suave e irritante, y me separa de los demás.”
Así comienza el libro de Françoise Sagan que se titula como este espacio. El poema es de Paul Éluard (ese que inspiró a Aute para escribir “mojándolo todo”, de su disco Alevosía: “..sexo líquido, universo de licor”) de un libro que se llama “La vida Inmediata”. Así que, si queréis disfrutarlo en toda su plenitud, tenéis que imaginarlo en el idioma de Sartre que, a la sazón, es muy proclive a este tipo de contenidos.
El caso es que no he podido resistirme a leerlo (sospecho que en una traducción bastante mala) en estos días de recogimiento religioso, echando abajo lo que era un firme propósito de huir de los franceses deprimentes.
Comprende las mismas fórmulas de siempre, las que son clásicas del existencialismo y postmodernismo francés y de las que ejercieron magisterio los Guide, Malraux, Céline… Sagan es un poco posterior, pertenece según la edición de cátedra a los hijos del absurdo (y yo supongo que coincidirá con las publicaciones de Simone de beauvoir y de Juliette Greco). Cuando publicó este libro se produjo todo un fenómeno sociológico (el fenómeno Sagan), un gran éxito de ventas… incluso Otto Preminger hizo una adaptación para el cine con Deborah Kerr (os sonará por “De aquí a la eternidad”) y una chica preciosa que se llamaba Jean Seberg.
Todo este tostón que os estoy ofreciendo no tiene más sentido que el de que leáis el poema que ya forma parte de la decoración de mi cuarto, y confesaros que no puedo dejar a los puñeteros gabachos. Si un día me despierto con la suficiente autoestima, quizás os cuente lo que significa para mí todo esta corriente de amargura metafísica y de desgarramiento social. Aunque en el fondo, no es tan triste…