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Idea de yonqui

Miércoles, 11 y 20 de la noche. El mosquito, rúa de San Pedro, piedra sobre la que forjar iglesias. Un yonqui. Invita a unas copas. Yo no estaba. A mí me lo contaron. Yonqui sin rostro. Estereotipo de yonqui. Invita a unas rayas. De heroína. Es miércoles. No gracias. Es un yonqui reinsertado. Está reinsertándose. Desintoxicándose. ¿Qué se siente con un chute de heroína? ¿Cómo te enganchaste? ¿Por quién te desenganchas? Responde a todo. Tom Wolfe estaría encantado. Tiene un plan. El yonqui. Redecorar con plástico el parque que está al lado de Bonaval. Con figuritas de plástico. En la pista que sube hacia el CGAC. Con plastiquitos de colores. Por donde sube el 15. Un árbol de plástico. Roble esquemático. Idea de roble. Lo harán él y los chicos de un centro de acogida en Roxós. Chicos sin rostro. Idea de chicos.

Dice que la Ilíada reproduce los comportamientos típicos de la sociedad occidental. Yonqui listo. Me supera, tío. Invítame a esa raya y préstame la Ilíada un par de horas. Raya esquemática. Idea de línea.

Dice que la Ilíada reproduce los comportamientos tipo de la Biblia. Yonqui listo. Que sea de heroína entonces.

Mosquito, 11 y 45 minutos. Dice que hay una adaptación contemporánea de la Ilíada. De Baricco. Una adaptación para ser narrada en público por actores que representan, por turnos, a los distintos personajes del libro erigidos en narradores de su propia historia. Baricco listo. Original. Mediático. No quiere salir en los medios. Interesante.

El parque quizá nunca atardezca engalanado con figuritas de colores.

El parque quizá amanezca mañana y el sol haga reflejos en la idea de pájaro rojo.

Una vez que pruebas la heroína eres un yonqui. Una vez que besas eres un yonqui. Una vez que follas eres un yonqui. “Por que así es como te engaña la vida. Te atrape en un instante. Y ya eres para siempre un exiliado a miles de kilómetros de aquel beso, de aquella raya, de aquel olor, de aquella imagen, de aquel instante… a la deriva”.

Este es un pasaje de Baricco. Lo escuché recitado en la Radio Galega la madrugada de un sábado. Programa grabado. Sólo música y fragmentos de libros. Lo reconocí. Me asusté. Soy un yonqui. Ahora lo reproduzca tal y como lo recuerdo. Fragmento inexacto. Fragmento esquemático. Idea de pasaje.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Sobre héoes y tumbas


  

Dejados atrás los ojos admiradores de la infancia y los anales remotos de un principio abisal, hoy he amanecido preocupado al cogerme el presente “in fraganti”, “en bolas”, “pillado”. Desnudo en el armario diciendo “esto no es lo que parece”. Así. Me pilló.

Me recuerdo antes del principio como un extraño, un extranjero, casi un catalán… Uy, perdón. Recuerdo que la universidad era otra cosa, pensaba yo. Recuerdo que leía a Kafka, que me encantaba E. Mendoza y me gustaba Manuel Rivas. Recuerdo que leía El País. Cuatro años después, Manuel Rivas me despierta tanto interés como Ana Rosa Quintana y me resulta divertido leer a Federico J. L. S. (no lo escribo entero por que él es omnisciente y lo sabe todo, que por algo trabaja en la COPE). Y hoy me he sorprendido en el kiosco comprando el Marca. Es para preocuparse. De esos momentos en los que te miras y piensas ¿Joder, qué cojones estás haciendo?... Así que, descartando echarme la culpa a mí mismo por razones de salud obvias, he decidido buscarla en agentes externos. Es entonces cuando me encuentro con un post de Elianinha sobre Manuel Gago. De Elianinha, que escribió un visionario artículo sobre el acto de licenciatura que me gustaría retomar y que ya forma parte de la parte más brillante de la historia de la literatura de las blog. De Elianinha, que cada vez que la leo me entran ganas de escribir. Y, como quiera que después de cuatro años se me había olvidado como se hacía, he decidido curarme en salud despotricando contra los USC Journalism teachers. Conste que esto no es propio de mí pero la situación lo exige. Les ruego que tengan en cuenta que lo hago por mi bienestar mental, pa curarme, que yo contra los teachers no tengo nada. Vive Dios. Faltaría. Con todo lo que tengo que agradecerles!. Piensen que alguien tiene que ocuparse del trabajo sucio, que Gago es una pequeña luz dentro de un desolador paisaje. Un cosmos ingobernable, un sin dios de tamañas dimensiones que analizarlo produce cierta congoja visual. Más o menos es así. El profesorado de xornalismo, digo. Un panal en el que los miembros se agrupan por celdas de dos o tres personas. En que todos piensan de todos que son unos gilipollas. Y todos tienen razón.

En este sistema de celdas resulta una utopía inalcanzable recibir una educación integral mínimamente coherente, o progresiva, o coordinada… Formar personas es un trabajo relegado a la educación primaria que en muchos casos fracasó. Mientras que una persona no deja de formarse nunca (¿Nunca?. Nunca. Joder. Acojona ¿no?. Sí. ¿Ni a los 50 años?. Ni a los 70. Vaya. Ya ves) esta función es ignorada en la licenciatura, que traslada sus prioridades a la “clase miting” y a información útil.

Miting: esto vale tanto para los que rinden homenaje a su ego en cada sesión como para los que se valen de su libro (construido a retales de otros) como única referencia pedagógica. Provoca confrontación entre las distintas aulas, contradicción de informaciones. Nos lleva a una posición casi posmodernista, psicoanalíticamente compleja. En primero tienes que creer ciertas verdades, en segundo tragarnos su reverso, en tercero conocer la verdad de la ecuación para pasar a otra verdad que será puesta en duda en cuarto (información simple. información especializada. Hai que ser objetivos. La objetividad no existe. El guión en radio es imprescindible!!!! Producto para todos, producto para nadie. Hay que abarcar el público objetivo más amplio posible, la digitalización se hace digitalizando. People are strange…).

Útil: Pirámide invertida, géneros periodísticos, concepto de raccord ( lo que nos llevaría estudiarlo, aproximadamente, cuatro meses y medio de licenciatura). Obvio lo que aprendimos de locución. Obvio lo que aprendimos de avid. Obvio lo que aprendimos de Quark. (¿Cuatro meses y medio?. Bueno, dejémoslo en cinco y una recuperación en septiembre)

Nos quedan todavía dos eslabones en la cadena: los que cumplen su función con fría apatía, que suelen ser profesores asociados y Antía, y los incompetentes.

Muchos de los primeros son bastante buenos aunque no te motiven lo más mínimo. Yo no fui a la clase de muchos de estos profesores cumplidores por esta falta de motivación. Reconozco que es una excusa pobre. Es como decir “necesito trabajo pero no hay ninguno que me motive”. “Estoy encerrado en la habitación cascándomela porque no me motiva la vida…”.

Los otros son los que miras con estupefacción. Como un espectador asistiendo a una comedia mala. Los miras y no te lo crees. ¿Esto es posible? ¿Este tío es posible?

Este tipo de cómicos alcanza una especial hilaridad cuando se ve obligado a impartir teorías inventadas. La teoría de la radio o la teoría de la tele. Se puede hablar de la historia de la radio pero es muy complicado saber “hacer radio” en base al estudio de las cualidades del sonido… El plan de estudios se reduce a prácticas insuficientes y a teorías innecesarias. Teorías innecesarias impartidas por incompetentes que escriben libros insulsos que otros incompetentes podrán utilizar para impartir teorías inútiles.  

Claro. Luego llegamos a cuarto y nos dice Freixanes que viene notando deficiencias. No te jode. Y yo. Las noto desde primero.

Por todo ello, sin entrar en hechos más hirientes, encabronado porque no me han dado una beca en cuatro años y he fomentado la reproducción de tan lamentable panal con el trabajo de mis padres, hoy pronuncio mi Voto de Castidad:

Quiero

1… que alguien me diga que hacer periodismo es hermoso, jodido, pero hermoso.

2… que me enseñe Avid alguien que sepa manejarlo

3… que Les me dé su asignatura. SU asignatura. La asignatura LES. Y que otro me explique historia del periodismo.

4… que se premio lo creativo, lo original, a la gente que se esfuerza por hacer algo distinto o, simplemente, bien hecho. No a quien fotocopia los apuntes en el examen. Sino volveremos incurrir en la reproducción del panal.

5… que se elimine toda aquella información chapada a conciencia que no sirve para nada y que, por otra parte, tampoco es interesante (¿cuatro meses y medio?. Cinco, a lo sumo)

6… que alguien me explique quien coño son todos esos personajes que pululan por la facultad y que nadie sabe quienes son ni que diablos están haciendo

7… que los proyectos de la facultad sean los de los alumnos y no los de los profesores

8… que los proyectos de los profesores no los hagan los alumnos

9… que aprendamos a ser personas capaces de ejercer como periodistas

10… que Arale pueda volver a una facultad digna de ella

 
 

Quizás estoy siendo un poco apocalíptico. Pero ya saben, no es nada personal, es por mi salud. Sepan ustedes que, pese a todo, esto no es propio de mí...


 

Capítulo I (sin título). El círculo (gente con mucho tiempo libre)

Muere el silencio y un grito atraviesa la sala de estar. En la habitación solo hay un cadaver sobre esa alfombra de la que siempre quise deshacerme. Sofía se ha ido.

Con sus ojos claros y sus turgentes caderas despidiéndose a través de la puerta. Sofía se ha ido. En su lugar, un cadaver. La habitación, el cadaver y yo. Sofía se ha ido.

Ha empezado a oscurecer. En mi mente aun retumba aquel grito. Se mezcla con miles de imágenes: la sangre, el ventanal, los ojos de Sofía… Ahora recuerdo como empezó todo, ¿en qué momento empezó a torcerse? ¡Recuerdo! Wiski. Beber para olvidar. A la mujer y al pasado. “Los caminos del señor son inescrutables”, decía don Ramiro. Bebe, viejo, bebe. Qué me diría don Ramiro? Qué me diría Sofía? Las cosas son así, suceden. Y no tiene demasiado sentido pensar cómo hemos llegado hasta aquí o cómo vamos a salir de esta. Eres tú el que está bebiendo wiski en el sofá, al lado de un cadaver. Sólo con un cadáver porque Sofía se ha ido y sólo te queda el wiski.

El olvido, esa es mi decisión. No voy a quedarme a perder el tiempo, hasta ser como ese pobre diablo de la alfombra. Hoy me siento como uno de esos perros viejos, uno de esos protagonistas de cine clásico. Uno de esos tipos que ya están de vuelta cuando todos aun van. Estoy en esta habitación, pero yo aun estoy vivo…

¿Estoy vivo?, ¿estoy loco?, quizá sea sólo eso, estoy loco, un vivo loco de entre los millones de vivos dementes que se arremolinan en esta ciudad. ¿Y es eso estar vivo? Cuánto de vida hay en la locura. Cuánto si este ser que me habla en realidad no soy yo. O quizá sí soy yo. Quizá soy más yo que nunca. Sí, eso debe ser. Estoy más en mí mismo de lo que nunca estuve. Sin ocultarme de nada. Siendo, sola y tristemente, siendo. Todos los años anteriores eran sólo una comedia, una farsa de la que ahora me he redimido. Quizá es ese uno de los efectos del asesinato. Dicen que una vez que matas a alguien ya no tienes reparo en seguir matando. Falta de escrúpulos le llaman algunos. Los psicólogos lo interpretarán como el cruce de una línea, de una etapa en la que ya estás y en la que continúas actuando. Matar es el asalto a esa etapa. Pero los psicólogos no matan.¡El “alumbramiento”! diría don Ramiro. Sí, es eso. No se mata por haber abortado los escrúpulos. Se mata por el descubrimiento. La revelación de una gran verdad: que no hay reglas. Esa es la gran verdad que no quieren que sepamos. Desde pequeños nos encorsertan en un papel, un guión que debemos cumplir a raja tabla: estudias, trabajas, te casas, creas una familia y la palmas. De vez en cuando ves telebasura, te emborrachas o echas un polvo. Eso es todo. A eso se reducen las prestaciones que la sociedad te ofrece. No, yo no voy a caer en esa rutina. Mierda, es el último cigarro, creo que es el momento de irse. Irse, irse… a dónde ir. ¡Tierra de los malditos, calle del olvido, dónde estás? ¿Por qué te escondes de mí que nací para morar en tus cavernas y comer de tus frutos? Coge el dinero, baja las escaleras..no, no. Coge el dinero, llama a un taxi, baja las escaleras y díselo, díselo a él, que vas al País de los Condenados. Díselo, que allí ha de llevarte. Allí aguardaré el Tártaro. Allí, con mi gabán, mi Jonnie Walker y mi Bull Brand rancio. Allí…¿dónde?, no, no… ¡elucubraciones! ¿dónde está mi destino? No lo sé, pero allí a dónde me aguarden ha de irse escaleras abajo.

No necesito nada, cerraré esta puerta tras de mi y todo quedará atrás. Tengo el dinero y una vida para gastarlo. He de salir de esta ciudad, pero antes pasaré por el “black Jack”. En nigún sitio sirven un wiski igual. Es mi noche de despedida, así que me relajaré, compraré cigarrilos y disfrutaré del mejor wiski de esta jodida ciudad. No está mal para empezar. Y a partir de mañana, ¿quién sabe?. Definitivamente, “los caminos del señor son inescrutables”. Don Ramiro encerraba en aquella apariencia de alcohólico acabado toda la sabiduría popular de las tabernas.

Encuentro en el bar de la esquina (preludio)


 

X.-…

G.-…

X.-… Dicen que vas actualizar tu blog…

G.- Sí. Eso dicen…

X-…

G-…

X.-…

G.-… Bueno. Hola, qué tal estás, me alegro de verte…

X.- ¿De verdad te alegras de verme?

- No, pero ya que estamos aquí tendremos que hablar…

-…

-(gesto de negación con la cabeza) Joder. Me pones una Leff negra.

- eh… para mí un café gracias…

- Ya eres periodista, supongo.

- Casi, aunque no sé si eso es bueno o es malo… la verdad es que no tengo claro qué voy a hacer.

- Como en toda tu vida.

-…

-…

- Entonces, ¿vas a continuar con la blog?

- Creo que sí. Bueno, dependerá de si se acaba la batería ahora o aguanta un rato más…

- Después de tanto tiempo…

- El tiempo es para los que vivís atado a él. Los que fijáis fechas para los exámenes, los que tenéis plazos de matrícula, los que salís el jueves porque es jueves, en fin de año porque es fin de año… como si tuvieseis algo que celebrar… Yo vivo como un ente y, como ente, prescindo del tiempo.

-…

-… y eso no es necesariamente bueno. El tiempo, como las drogas y los condones, no tienen asignadas cualidades absolutas, todo depende de cómo los uses…

-…

- … en este supuesto, parece más lógico pensar que la carencia es, esencialmente, más negativa que la posesión, excepto en aquellos casos, imagínate a ti mismo cómo ejemplo, en los que la posesión supone una carga que oprime la necesidad de fragilidad, de no existir, de no significar para el conjunto de fenómenos que se encuentran naturalmente ligados y sensibles a cada fenómeno individual.

-…

-…

- ¿Tenías ganas de escribir?

- Depende de lo que entiendas por escribir, los que tenemos una blog no escribimos necesariamente. Pero en fin, tú que vas a saber… De todos modos, lo hago más por El Círculo que por mí mismo. Yo dependo de la creatividad, de la autoestima, de lo que veo y leo, de lo que escucho y de las ganas que tengo de transmitirlo, o más bien, de compartirlo. Y eso significa que lo que comunicas lo compartes por deseo de estar en contacto o de hacer partícipe o de empatía. Si soy bueno, es para transmitir lo que es, está siendo, fue o fue durante un instante importante para mí a la gente para la que no sé si sería importante. Si soy malo… en fin…; es comunicación ¿no?… Pero ahora ya no es por eso, ahora formo parte de un fenómeno social,

- El círculo…

- El círculo, sí.

-…

-…

- No sabes lo que es el círculo…

-No…

- Gran periodista…

- Aún no soy periodista y, para tu satisfacción, cuando lo sea no seré mejor de lo que soy ahora.

- No te equivoques, tú no me provocas satisfacción ni ningún otro tipo de emoción. Simplemente una sutil indiferencia, prácticamente imperceptible (en esos momentos aunaba su pulgar y su índice hasta casi tocarse, pero dejando un insignificante espacio entre los dos), que se manifiesta al igual que un insecto que se posa en la piel. Lo notas un momento y luego se te olvida sin que tengas claro que tipo de insecto o partícula de aire o polvo fluctuante ha sido lo suficientemente molesto, durante ese microsegundo, para penetrar en el sistema decodificador de tu tacto…

(trago de cerveza)

 Yo diría que… si tenemos en cuenta el número de pobladores de la tierra, incluidos los seres unicelulares, tu efecto sobre el mundo que te rodea tendría, más o menos, un valor proporcional al espacio que ocupas en un campo perfecto en el que cada unidad eventual se manifestase sin masa y sin volumen, simplemente como es en sí misma, en su propia naturaleza de unidad y con un valor cuantitativo. Más o menos, ese es tu sentido en el mundo. Añadiendo a estas variables el inevitable baremo físico del tiempo que convierte a tú valor cuantitativo, que hasta este momento era insignificante, en casual, caduco, eventual, coyuntural y relativo, o lo que es lo mismo, imperceptible…

-…

-…

-… Sí,  recuerdo que me lo habían dicho alguna vez pero no me lo tomé muy en serio. Alguna chica seguramente.

- No creas que me desagradas, en cierta forma, me resultas gracioso… ya sabes… víctima del Tótem y del Tabú.

-Sí, eso dijo la chica: “no es que no me gustes, me pareces muy gracioso…, podemos ser amigos”, creo que añadió.

-…

-… Vas a responder o prefieres que sigamos hablando de mí un poco más…

- Bueno, eso hace la gente ¿no?. Hablar de cosas insustanciales en las cafeterías… ( se sentía divertido en el lance de la humillación. Disfrutaba del poder que le otorgaba un interlocutor indefenso que llegó vencido a su mesa , que vivía una escena laboral señalada dentro de un historial olvidado, o condenado a olvidarse; una escena tan diferente a la suya, a la cerveza nocturna que inicia el día, que preludia la madrugada, que soborna un estado de mente, cuerpo y espíritu tan superior, tan inherentemente superior… Ante este pensamiento casi no puede contener una carcajada: tan naturalmente superior) Quieres saber lo que es el círculo, ¿eh?... es un tanto complicado explicarlo…

-Pero seguro que a ti se te ocurre algo.

- Verás. El círculo es un fenómeno que tal vez nunca exista. Una proyección. Una predicción de un futuro que tal vez no llegue. Un absurdo y un hito. Un deseo y un fracaso. Un acontecimiento que quizás nunca trascienda de esta conversación. Un momento histórico que ahora mismo puede estar muriendo, entre estas paredes. Puede que se hable de él durante años o que nunca más se nombre. Es y, al mismo, tiempo, deja de ser. Es materia en un estado previo, anterior a toda existencia, pero que existe, pues ahora mismo, entre nosotros, está existiendo, pero podría no existir nunca.

-…

- ¿confuso?

-No. Más bien abrumado por tanta originalidad: “El Círculo”; a nadie se le hubiese ocurrido…

- Ja, ja… ¿sabes que eres bastante divertido cuando te enfadas?

- y yo no he venido aquí para que me vendas humo o los delirios de grandeza de un maníaco depresivo en su momento de máxima erección…

-¿Ves?, otra vez eludes responsabilidades. Tú decides, crees o no crees, pero no me pidas que te diga lo que tienes que hacer.

-…

-…

-… es inútil hablar contigo

-… estoy de acuerdo. Es absurdo hablar contigo y ya no puedo perder más tiempo de mi vida haciéndolo. Así que, lo siento, me tengo que ir. He quedado en la otra punta de la ciudad hace 10 minutos (estaba de pie y apoyaba la mano derecha sobre la frente en forzado gesto de olvido. Mientras hablaba parecía seguir sonriendo..). Es una lástima, me lo estaba pasando muy bien

(apoyó las manos en la mesa y se acercó como si fuese a confesarle un secreto)

y esto, amigo mío, lo digo en serio, eres muy gracioso

(avanzó por el pasillo que transcurría paralelo a la barra y se marchó sin pagar. Antes de cruzar la puerta todavía hizo una última aclaración en voz alta)

- Cómo puedes ver, aunque no estoy en posesión del tiempo, puedo utilizarlo con mucha soltura…

 

P.D. En el camino de regreso, tuvo tiempo de pensar en si de verdad significaba algo, o no, lo que él llamaba El Círculo. Pensó también si de verdad lo odiaba, o no. La noche comenzaba a cerrarse y notó que tenía hambre. Fue como un regreso a la consciencia. Otras preocupaciones le turbaban ahora, qué iba a comer (en el frigorífico sólo quedaban medio paquete de tranchetes, un par de yogures probablemente caducados y un cartón de leche probablemente cortada) y, sobre todo, qué le iba a contar a su jefe sobre la conversación que acababa de tener. Algo se le ocurriría para rellenar la página de mañana, pero en cuanto a su jefe… estaba muy ilusionado con esta entrevista, había sido él mismo quien había conseguido la información precozmente de boca de una “amiga” 24 años más joven que conoció por casualidad en una de sus “escasas” escapadas nocturnas del hogar familiar. Resulta que la chica en cuestión era una intelectual redomada y difícilmente soportable. Frecuentaba los cineclubes y algunas cafeterías de relumbrón dónde se reunían pintores y escritores, y tenía acceso permanente al auditorio tras un brillante y fugaz pasado como violonchelista. En algún momento, en alguno de estos lugares, alguien le contó algo sobre alguna cosa llamada El Círculo. Y, en realidad, esa era toda la información que mañana tendría el periódico. Además de estos pequeños privilegios en forma de confidencias y chivatazos sobre su director, su mundo de periodista no le producía ningún otro tipo de satisfacción. Siquiera alguna información con la que se comprometía o alguna entrevista que le decepcionaba. Por lo demás, medio paquete de tranchetes, un par de yogures y un cartón de leche. Probablemente caducados.

Coplas de moral quebrada

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando,
como se pasa la vida
trabajando concienzudamente
y esperando
Cuan presto se hacen las hojas
como luego, recordándolas,
da dolor,
como a nuestro parecer
pasar el tiempo trabajando
es mejor
Pues si observas lo presente
como en un punto es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente
daremos lo no venido
por trabajado
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de trabajar
lo que espera
más de lo que ya trabajó,
pues la puta información
no llega
y la madrugada me espera
enclaustrado en la redacción
de aquel periódico de cuyo nombre
nadie se acuerda
y que por llamarle algo
le llaman región.

Existencialismo

" Aquellas dos imágenes le habían entrado por los ojos como la instantánea percepción de la felicidad absoluta y sin condiciones. Se las llevaría consigo para siempre. Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonído que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad. Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva. "

Producción en cadena: People are Strange

Por favor, no leais este artículo. No leais este artículo porque es de esos que no dicen nada porque no hay nada que decir. No lo leáis pues lo único que hará será engañaros, confundiros, engatusaros con palabras bonitas, con simulaciones naturalistas y recreaciones ficticias que ambiguamente penetrarán en vosotros hasta alcanzar una zona vacía. La nada. El abismo. La oscura fosa donde os engañáis a vosotros mismos. Confiados. Ilusos. Quizás necios. Siempre víctimas. Víctimas del periódico diario. De las fórmulas del protocolo. De el psicoanális, de la teoría sexual, del Tótem y del Tabú. Alunizajes mentales conformados de cemento y masa visitarán ese espacio absurdo de venas empantanadas. Psicosis. Hola cómo estás. Sarcasmo. Quién dijo que la sociedad es hipócrita?. Quién se lo cuestiona?. Quién tiene valor para asumirlo?. No leáis este artículo. La mirada nos insulta, observar insulta nuestra inteligencia. Quién se pregunta qué está haciendo en cada momento o para qué lo hace. O para qué existe. Ayer leí un libro maravilloso, aunque no escuché lo que decía. Lo que decía el libro. No me lo creí. El libro. El favorito de Ratzinger es el Lobo estepario. La revista qué leer saca en la portada a Carmen Electra en tóplex con un libro entre las manos. Será el Lobo estepario?. Estará del derecho?. Qué lee Carmen Electra y por qué es millonaria. Qué es ser millonaria. Carlos Sobera; Quiere ser millonario… No. No leáis esta historia porque es la de un hombre que ha muerto. People are strange, you are stranger. Que ha muerto engañándoos a todos, pero sin engañarse a sí mismo. Extraña historia. Sueños rotos. Tiempo que pasa. Vida que se agota. Luces de neón. Big Mac please. Una chica que distraída gira la cabeza y el pelo oculta su rostro durante un segundo como un telón de la Fenicce de Venecia anunciando el segundo acto. Se ha olvidado de maquillarse. Es preciosa. Se averguenza de su descuido. El viento la despeina y descubre los matices de la mandíbula en la mejilla. No ha tenido tiempo de maquillarse. Qué horror de pelos, debo ir a la peluquería. Está preciosa. Quizás mañana. No tengo dinero. ¿Quedas conmigo… mañana?, no puedo, no tengo tiempo de arreglarme, ni de comprar algo, quizás en zara, ya veré. Me gusta sentirme bien conmigo misma. Víctimas del periódico diario. Me gusta ir de compras. Del Tótem y del Tabú. Orwell era comunista? Camus fumaba un paquete diario? Jim Morrison está muerto, pero yo a veces lo escucho. People are strange. El viento azota las ramas de los chopos mientras despeina a la sonrojada dama. Las 7 de la mañana de un claro y presumiblemente caluroso día de agosto. El paisaje es memoria. Recuerda que a las 8 comienzas a trabajar. Jim Morrison, Jim Carrey, Johnnie Walker. Kandynsky. Me vuelvo vulgar al dejar el lápiz reposando en la mesa. Al cerrar sesión. Víctima del periódico diario. De mi libertad. Sartre. “Así pues esta es la ceremonia del adiós”. Hasta siempre, te quiero. La chica sigue estando preciosa. Dios ha muerto. O miras o juegas. Jim Morrison sigue vivo: “People are strange…”

Lección Nº 14

Tómese por ejemplo a un paseante que, sintonizando ordenadamente sus actos según un proyecto previo, puesto a punto por la mañana, pasea con una meta precisa por el carril bien delimitado e infalible de una calle de la ciudad. Y supóngase que de pronto se haya ante el encuentro con la irrelevante presencia, en el adoquinado, de un tacón de aguja negro, imprevisto y, por otra parte, imprevisible.
Y se queda como hechizado.
Él solo, préstese atención, y no los otros miles de humanos que, con análogas disposiciones de ánimo y de conducta han visto el tacón de aguja negro, pero que con preciso automatismo lo han relegado en el útil carril lateral de objetos curiosos fundamentalmente no aptos para penetrar en el sistema de su atención, como por pragmática impostación del mismo. En cambio, nuestro hombre, sometido de repente a una cegadora epifanía, bloquea su camino, espiritual y no, al ser irremediablemente sustraído a sí mismo por una imagen que se escucha como un reclamo que es imposible eludir, casi un canto capaz, en apariencia, de reverberar hasta el infinito.
Eso es extraño.
Cuando en el tropel de materiales que la percepción se encarga de trasladar desde la experiencia hasta nosotros, un detalle, y sólo ése, aflora entre el magma de la totalidad y, escapando a todo control, llega a herir la superficie de nuestra razón para que instantes como ése acaezcan y, sin embargo, acaecen, encendiendo repentinamente en nosotros una emoción inusitada. Son como promesas. Como destellos de promesas.
Prometen mundos.
Se diría que ciertas epifanías de objetos escapados a la equivalente insignificancia de lo real son minúsculas troneras a través de las cuales es posible intuir -quizá alcanzar- la plenitud de mundos. De mundos. Desde la inanidad de un tacón de aguja perdido en la calle, se filtra luz de mujer, la luz de mujer, de un mundo, de tal forma que hay que preguntarse, en fin, si ésa precisamente / tal vez es ésa la única puerta a la autenticidad de los mundos
no hay en ninguna mujer toda la mujer que hay en un tacón de aguja perdido en la calle/ algo que es el último meollo de la inmensa experiencia colectiva y de la historia que subyace bajo el nombre de mujer / digamos que su verdad tornasolada / más en concreto, lo que en la realidad corresponde a cuanto en nuestro horizonte perceptivo acaece en cuanto emoción y sensación subsumible en la expresión lingüística mujer
Y si esto es cierto la autenticidad sería entonces una metrópoli subterránea perceptible por el destello de troneras minúsculas que la anuncian, objetos-luminiscencias tallados en la superficie blindada de lo real, llamaradas que son anunciación y atajo, señal y puerta, ángeles…-y que nadie me venga ahora con la magdalena de Proust- Nos hemos encadenado a esa imagen obscenamente doméstica, burguesa, hogareña/ se ha neutralizado en ella el ardor de las verdaderas troneras, reducidas a fenómenos insignificantes en sí mismos de manera involuntaria y, quién sabrá por qué, reveladora/ echados sobre el diván del médico hemos malbaratado los destellos epifánicos del subsuelo como regurgitaciones deprimentes de subconsciencias personales e individuales/ los hemos entregado a una cura consoladora, como si fueran cálculos renales, que hay que drenar y expulsar en la micción de los recuerdos/la memoria/diuresis del alma/imperdonable cobardía/
como si el hombre que queda hechizado por un tacón de aguja, negro, fuera, en ese momento, él mismo: y tuviera su biografía, y su memoria. Éste es el engaño. Los ojos que ven los destellos son terminales irrepetibles del mundo. Son combinaciones de hechos ocurridos, constelaciones objetivas de eventualidades convergentes en un único instante y un mismo lugar. No hay nada de subjetivo. Cada destello es un acontecimiento de objetividad. Es lo auténtico desfigurando lo real
piensa qué ojos, capaces de ser tan sólo reales, y basta, ojos sinhistoria
después, y sólo después, entonces ya es historia
escucha, después, entonces, ya es historia
en la ambición de hacer eterno ese destello, se le convierte en historia, a poco que pueda
piensa en la mente que pueda hacerlo
qué levedad, y fuerza, para mantener suspendido un destello todo el tiempo necesario hasta llegar a ver cómo se disuelve en historia
esto sería acuñar historias, esto es lo que se debería saber hacer, permaneciendo a la escucha todo el tiempo necesario, esperando la grieta escondida en la lama del destello, recogiendo su paso y sus medidas, su respiración, su porte, caminando por sus senderos, respirando sus tiempos, hasta tener, en la manos, en la voz, ese instante abierto en sus lugar, y dulcificado en la línea curva de una historia, afilado en la línea recta de una historia
¿puedes imaginarte un gesto más hermoso?

El bar del polígono

Uno suele pensar que le falta algo. Quizás más mesas… puede que una sólo, pero de billar, de esas que dan empaque a un local aunque nadie juegue nunca. Pero sí, acostumbras a pensar que algo falla en todo ese espacio desaprovechado, cuando entras por la puerta y ves la distancia que falta para llegar a la barra. Es un poco escalofriante ese espacio. La sensación de una pasarela por la que te deslizas sabiendo que todos te miran preguntándose… “¿quién coño es este?”
Bueno eso era al principio, ahora ya no. Ahora se responden: “es el mismo de ayer”.
Ahora soy yo quien los observa. Todo ello porque el autobús número 14 llega 45 minutos antes de lo adecuado o porque el autobús número 14 llega 30 minutos más tarde de lo que todos desearíamos… yo… el jefe… mi compañera… Llega mecido por rezos minimalistas asombrosamente arcaicos, clamor de una ciudad maltratada y naturalmente condenada a un futuro peor: “Ti que asomas pola serra de San Mamede coa intención de botarlle unha ollada ós habitantes do Val do Medo e non te das conta da intensidade coa que o fas. Asoma a modiño e bota unha sesta mentres a nebulosidade descarga”.
Ahora puedo observarlos. Son siempre los mismos. Vienen y van durante 45 minutos. La camarera los conoce, los saluda. A mi también me saluda: “¿Trabajas aquí?”, “Un agua fría ¿verdad?”, “Pues ánimo, tú no te rindas, siempre hacia delante ¿eh?, siempre. Tú no te pares, no lo olvides, siempre p’adelante eh?...”
- Gracias niña. Haces que venir aquí cada día sea más agradable.- no le digo yo
Muchos de ellos permanecen allí, como esperando a alguien, unos 5 minutos. Sin decir nada ni ojear periódicos. 5 minutos y se van a trabajar. Sin decir nada.
Otros han interiorizado cierta mecánica lectora que les da pie a comentar sin asomo de interés algún titular del marca. La rutina de sus movimientos les permite tomar su café con hielo, pasar armónicamente las hojas mientras sostienen el pitillo y emitir su ascético comentario. Dos chavales jóvenes que han llegado juntos, fuertes, de ropa sucia, lo captan, levantan ligeramente la cabeza y esbozan una discreta mueca. Luego bajan de nuevo su tez hasta alinearla con los hombros forzados de apoyarse en la barra hasta conformar una línea vertical, la mirada perdida en algún punto entre la camarera y la pared del fondo, siguen aguardando algo, quizás que el tiempo pase. Se van. Van y vienen continuamente. Cada 5 minutos. Algunos piden cambio y se enfrascan en la tragaperras. 10 euros cambiados. Juegan rápido, se olvidan del café, se van. Yo me voy. Pienso en qué significará para cada una de aquellas personas que derraman 10 horas de su vida diaria en aquel lugar, esos 5 minutos de vacío… qué significarán aquellas cerezas en la pantalla que nunca son tres, aquella camarera que ojalá fuese hermosa, aquellos periódicos que se olvidan nada más leerlos, aquel refugio insensato desde el que no ves la ancha carretera que muere en una glorieta. Ancha y totalmente recta. Con ese color amarillo que otorga el calor y la falta de edificios. Como un western que cambia los carruajes por camiones de triple eje… “Adiós, hasta mañana”. “Adiós y gracias”.

Hipotermia

"La foto, aparecida en el suplemento que publican conjuntamente EL País y The New York Times, ilustraba un reportaje contra el hambre en el mundo. La anciana del turbante agujereado, que quizás no tenga más de 35 años, es somalí y está masticando un pedazo de piel de camello del que no es probable que obtenga ninguna caloría, aunque, si lograra tragárselo, apaciguaría durante unos instantes el motín que se ha producido en sus entrañas. El hambre, que en el estómago de usted o en el mío no pasa de ser una sensación, en el de esta mujer es un lobo que aúlla desde los intestinos y al que hay que engañar con cualquier cosa (una raíz, una bola de barro, una corteza..)
La técnicas para aliviar las dentelladas del hambre varía, según el citado reportaje, de unos a otros países. En Eritrea, las mujeres se atan una piedra plana al vientre para atenuar las convulsiones; las madres de muchos países africanos ponen al fuego una sartén con piedras y dicen a los niños que la comida está haciéndose par ver si se quedan dormidos mientras aguardan; en Haití son muy frecuentes las tortas de barro, cuyo valor energético es el mismo que el de un paño de cocina recién lavado, pero que proporcionan sensación de plenitud mientras la tierra da vueltas dentro del estómago.
La cantidad de energía que tienen los alimentos se mide en calorías. Una bolsa de la basura de usted, o mía, recibe en unas horas más calorías que las que llegarán al estómago de la mujer de la foto a lo largo de su existencia. Los inmigrantes que se juegan la vida en el Estrecho no buscan otra cosa que calorías. Mientras usted y yo nos buscamos a nosotros mismos, porque tenemos problemas existenciales, ellos arrojan su documentación al mar para no ser repatriados. Cambian identidad por calorías y vienen en busca de ellas como en otro tiempo se iba a Alaska en busca de oro. La fiebre del oro estaba alimentada por delirios de grandeza; la de la caloría sólo busca acallar al lobo y obtener la cantidad de energía mínima para seguir tirando, incluso a costa de olvidar quién se es. Muchos inmigrantes gastan sus últimas calorías en atravesar el Estrecho. Por eso llegan a las playas exhaustos, cuando no muertos, y ateridos de frío. Ninguna palabra se había puesto tan de moda en tan poco tiempo como hipotermia. Sale en todos los telediarios siete u ocho veces y hasta los niños saben escribirla, aunque tenga una hache.
Quiere decirse que todos mienten, desde el FMI al Banco Mundial, pasando por las decenas de organismos internacionales creados para resolver cosas. Si se puede llenar el Tercer Mundo de armas, que pesan como el diablo, ¿cómo no se va a poder llenar de calorías? Por el precio que cuesta trasladar un tanque, se podría hacer caer sobre África un maná energético. Bastaría que se hubiera exportado a África la mitad de frutos secos que de balas para que esta mujer no estuviera tratando de ablandar con los dientes la piel de un camello. Debería ser más fácil hacer una transferencia de calorías que una transferencia bancaria. Pero por la bancaria cobran comisión, así que son rentables. El mundo es una mierda."

Este artículo lo escribió Juan José Millás hace un tiempo en El País y yo lo guardé para que no se me olvidase y también con la certeza de que algún día podría traerlo a colación. Bueno, ha llegado el momento. Y el motivo es que Juanjo ha vuelto a escribir otro artículo en el que pregonaba cómo mientras todos los medios investigaban la manera en que Ratzinger se sube el bajo de la sotana, una niña africana moría sola, en un callejón al lado de unas cajas de cartón, encogida sobre sí misma y muy poco a poco, notando cómo el frío le calaba en los huesos… Claro, esto no se recogió en los periódicos, y los que le concedieron un espacio en el diario le dieron 2 columnas en el lado inferior derecho de la página de la izquierda y sin foto…
En cambio nos sabemos la vida de Ratzinger desde que era monaguillo… enteramos es de que se les coló el humo de la fumata en la Capilla Sixtina, así que, si vais de excursión a la tierra de Baricco en los próximos meses, olvidaos de verla (por si no estaba difícil antes). Flipa Miguel Ángel…

buenos días, tristeza

Adiós tristeza
Buenos días tristeza
Estás inscrita en las líneas del techo
Estás inscrita en los ojos que amo
No eres del todo la miseria
Pues los labios más humildes te proclaman
En una sonrisa
Buenos días tristeza
Amor de los cuerpos amables
Fuerza del amor
Cuya amabilidad brota
Como un monstruo sin cuerpo
Cabeza decepcionada
Tristeza hermoso rostro

“dudo en dar el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza, a este desconocido sentimiento cuyo tedio y dulzura me obsesionan. Es un sentimiento tan completo, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, mientras que la tristeza me ha parecido siempre algo honroso. Conocía el aburrimiento, la añoranza, en menor medida el remordimiento, pero de la tristeza no había tenido experiencia alguna. Hoy algo se repliega sobre mí, como un tejido de seda, suave e irritante, y me separa de los demás.”

Así comienza el libro de Françoise Sagan que se titula como este espacio. El poema es de Paul Éluard (ese que inspiró a Aute para escribir “mojándolo todo”, de su disco Alevosía: “..sexo líquido, universo de licor”) de un libro que se llama “La vida Inmediata”. Así que, si queréis disfrutarlo en toda su plenitud, tenéis que imaginarlo en el idioma de Sartre que, a la sazón, es muy proclive a este tipo de contenidos.
El caso es que no he podido resistirme a leerlo (sospecho que en una traducción bastante mala) en estos días de recogimiento religioso, echando abajo lo que era un firme propósito de huir de los franceses deprimentes.
Comprende las mismas fórmulas de siempre, las que son clásicas del existencialismo y postmodernismo francés y de las que ejercieron magisterio los Guide, Malraux, Céline… Sagan es un poco posterior, pertenece según la edición de cátedra a los hijos del absurdo (y yo supongo que coincidirá con las publicaciones de Simone de beauvoir y de Juliette Greco). Cuando publicó este libro se produjo todo un fenómeno sociológico (el fenómeno Sagan), un gran éxito de ventas… incluso Otto Preminger hizo una adaptación para el cine con Deborah Kerr (os sonará por “De aquí a la eternidad”) y una chica preciosa que se llamaba Jean Seberg.
Todo este tostón que os estoy ofreciendo no tiene más sentido que el de que leáis el poema que ya forma parte de la decoración de mi cuarto, y confesaros que no puedo dejar a los puñeteros gabachos. Si un día me despierto con la suficiente autoestima, quizás os cuente lo que significa para mí todo esta corriente de amargura metafísica y de desgarramiento social. Aunque en el fondo, no es tan triste…

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Pobre en Madrid

Parece que ha pasado un mundo y hace tan sólo siete días que viajé a Madrid a ver a Megadeth. Si no me notasteis especialmente emocionado en el pre, ni me notáis ahora en el post… tenéis razón. En fin, últimamente no me emociono con facilidad, sólo lo consigue Eastwood y alguna canción que pulula por mi vida y que escucho como por casualidad, como quien recibe una bala perdida que salió hace años del cañón.
El caso es que ahora que estoy dejando el heavy, sonaba un tanto extraño eso de dejarme salud y dinero en aquella odisea de dos días… pero hay ocasiones en las que desconectar, viajar, masificarse… bueno, ya sabéis… a veces se necesitan estas cosas, o si no se necesitan, al menos te vienen bien.
No quiero engañar a nadie. La rojiza llanura castellana no es el mejor antídoto para los problemas existenciales, pero a mí me ocurre que, cuando viajo, la soledad se me hace inmensamente agradable… quizás sea porque avanzas hacia algo distinto y desconocido en donde no hay pasado, y yo suelo ser optimista en estas circunstancias. Así que entre horizonte y horizonte que íbamos conquistando, encontraba en mi introspección cierta paz espiritual que se acomodaba en la monotonía del paisaje. Cuando estás más de cinco horas en un bus y no puedes leer porque te mareas, llega un momento en el que ya no tienes nada en que pensar. La conciencia de ese momento es muy hermosa. Es muy hermosa porque puedes escoger en qué o en quién pensar, y porque lo que piensas no te atormenta sino que es bonito. ¿Os dais cuenta?... escoger en qué pensar sin un futuro incierto o un pasado oscuro luchando desde dentro por hacerte vomitar… en esta sociedad occidental y en estos tiempos que corren, tiene que ser algo delicioso.
Pero me estoy desviando del tema. Lo importante debería ser el concierto… Megadeth… (probablemente el único grupo de heavy que iría a ver junto a Metallica, Scorpions y Dream Theatre); cualquier estereotipo que pretenda aplicársele al grupo no es más que un prejuicio injusto propiciado por un nombre poco afortunado (Megamuerte¿?). Es una banda compleja, que juega mucho con las primeras cuerdas y los trastes altos. Lo que me gusta de su música es la simbiosis que se produce entre las dos guitarras y la batería conformando una estructura melódica de arquivoltas y tirabuzones. Las guitarras se entrelazan en el aire a una velocidad vertiginosa, intercambiando primeros y segundos planos, hablándose… armonía y textura…
El líder del grupo se llama Dave Mustaine. Para los no iniciados, deciros que este hombre formaba parte de la primera etapa de Metallica (Mustaine, Burton, Heantfield y Ulrich) y cuenta la leyenda que durante una gira sus compañeros, hartos de su estado de ebriedad constante, en una de sus tajadas más considerables, lo metieron en un avión y lo mandaron de vuelta a casa… Luego formó su grupo y le quitó un buen porcentaje de ventas a Metálica, además de convertirse en el único competidor serio que tienen los Californianos por la hegemonía del trash.
Físicamente, tiene rostro de irlandés que está dejando la bebida. En los conciertos, da la impresión de que te mira. Entre su pelo cobrizo ves aparecer su pupila clavándose en ti… Y acojona… después de todo, quizás me estuviese mirando a mí, aunque lo dudo…
Por cierto, el concierto fue una mierda. Típico concierto de gira… llegan, tocan, se van y ahí os quedáis… claro que Megadeth haciendo eso hace el segundo mejor concierto de mi vida… (mejor los Maiden en Coruña)
Si queréis que os cuente algo sobre Madrid, hubo un cantante que la describió mejor de lo que yo podré hacerlo nunca…

Casi todo en mi vida pasó hace mucho tiempo
Ve delante yo te sigo, aunque sea al infierno…
Nada enseñan los años, siempre los mismos errores,
Traficando con deseos, voy comprando ilusiones.
Nací en el vagón de carga de un tren
Un día lleno de invierno en una noche sin cielo.
Mi destino lo hago a la vez
Que voy de viajero por el mundo de mis sueños.

Y así, paso por la vida
Que está más desafinada que mi pobre guitarra.
Y así, paso por la vida,
Dónde dormiré esta noche, dónde descansar mañana.
Mientras vivo y bebo en Madrid,

Mi casa no tiene techo, es una escalera de metro.
Mientras bebo y muero en Madrid,
Mi casa no tiene techo, es una escalera de metro

La mitad de mi dinero gastado en alcohol y mujeres,
La otra mitad malgastado cumpliendo con mis deberes.
Nunca estuve encerrado, pero no es para estar contento,
Pues con la vida que llevo es cuestión de tiempo.
Antes tenía un coche abollado,
Un trabajo sin futuro… bailaba con la más fea.
Ahora soy un hombre cansado,
Que mezcla wisqui y tristeza en una calle sin acera.

Con los bolsillos vacíos voy andando más ligero,
El sueño pegado a los ojos… telarañas de un mal sueño.
En la ciudad sin esperanza las calles son un desierto,
A todos esto, la noche ha cerrado por completo…
Llega la madrugada otra vez,
Y nos dan lo que ellos quieren por lo poco que nos queda,
Pronto ni una sombra seré…

El cielo escapa del cielo siempre a media jornada,
A siete años de casa nadie da nada por nada.
Bien poco vale la vida, ya ves que bien poco vale,
Depende la suerte que tengas,
Cuando vives en las calles.
Vuela la bala que me ha de matar,
No me queda nada que soñar,
Siempre de un lado a otro
Y el silencio al final.

Y así, pasé por la vida,
Que está más desafinada que mi pobre guitarra…

Caminando en círculos

Un tanto enfadado conmigo mismo, aunque sin esperar demasiado de mí, cabizbajo y abstraído en algún submundo sin sentido ni concierto alguno; camino estos días por la ciudad de la lluvia (en la que no llueve) con aire derrotista y cierta angustia en el abdomen, mendigando bocanadas de aire fresco que proceden siempre de personas que por juzgarme bien se equivocan. He pasado una semana sentado frente a un montón de folios que tenía que memorizar, mirándolos y diciéndome... estudia, estudia, estudia... todo una pérdida de tiempo. Sería una utopía tratar de encontrar en este periodo cualquier estado que estuviese próximo, mínimamente cercano, a eso que llaman concentración. En el fondo daba lo mismo. Esas hojas rebotaban contra mí, chocábamos irremediablemente... El caso es que me siento mal porque falto a mis responsabilidades que, por desgracia, ya no son conmigo mismo sino con la gente a quien le debo... De todos modos, mientras convivo con esta espesura interior, con la desidia, con la falta de motivación y con todas esas excusas de niño mimado, he tenido tiempo de comprobar que MEIKO tenía razón en lo de Camus, que "la peste" está muy bien y no sólo porque tienes la sensación de estar sufriendo el infierno de Orán sino porque esconde un contenido vital estremecedor y nada "kitch"; porque es un gran escritor, probablemente mejor que Sartre; y porque me ha recordado al propio Sartre y a mi primer año en Santiago, cuando andaba yo cabizbajo y abstraído en mi patológico cabreo con el mundo y la existencia:
"Se dirá, sin duda, que nada de esto es particular de nuestra ciudad y que, en suma, todos nuestros contemporáneos son así. Sin duda, nada es más natural hoy día que ver a las gentes trabajar de la mañana a la noche y en seguida elegir, entre el café, el juego y la charla, el modo de perder el tiempo que les queda por vivir. Pero hay ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. En general, esto no hace cambiar sus vidas, pero al menos han tenido la sospecha y eso es su ganancia. Orán, en cambio, es en apariencia una ciudad sin ninguna sospecha, es decir, una ciudad enteramente moderna. Por lo tanto, no es necesario especificar la manera de amar que se estila. Los hombres y las mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que llaman el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una largha costumbre a dúo. Entre estos dos extremos no hay término medio. Eso tampoco es original. En Orán, como en otras partes, por falta de tiempo y de reflexión, se ve uno obligado a amar sin darse cuenta"
La peste, ALBERT CAMUS

EL TIEMPO RELATIVO (divertimento literario)

“Y, si la nada crece sobre el brocal de espuma de la historia, cuando las llamas se concierten bajo las bóvedas de piedra, ¿de qué valdrá asomarse al corazón metálico del tiempo? ¿Cómo agarrarse el alma el día en que las ruecas enloquezcan?”
Pase lo que pase siempre hay gente. Gente que sube, gente que baja. Apresurados, observadores, inertes, conversadores… Parece increíble. Siempre hay gente. Y no es agradable subir el Franco mientras llueve. En Santiago llueve mucho y tus pies se mojan indefectiblemente. Parece que las gotitas se rompan contra el suelo y te empapen por debajo. Y quizá sea así. Quién sabe. Nadie tiene tiempo para ponerse a mirar como hacen las gotitas al chocar con el suelo… Caminas embutido en tu impermeable y siempre hay gente. Ahora me doy cuenta de que es un poco kamikaze, a decir verdad. Porque tú vas con la capucha puesta, las manos en los bolsillos y la cabeza lo suficientemente agachada como para que la lluvia no se te introduzca en las pupilas, lo suficientemente elevada para esquivar el tránsito de guiris en dirección contraria. Y parece que hay algo que te empuja hacia abajo. Puede que sea el reguero de agua que se forma a la izquierda y que cada año es más ancho. También pueden ser los guiris que, independientemente de la dirección en que vayan, son siempre e irremediablemente un obstáculo. A veces se forman dos regueritos. Y tus pies mojados… clash, clash… sobre la pequeña corriente de agua…clash, clash… quizás por todo ello el Franco parezca cada año más largo. Cada vez más largo y más igual, húmedo y rocoso…clash, clash… guiris y tiendas con camisetas del Xacobeo… clash, clash… guiris y restaurantes con nombre de número… clash, clash… estudiantes, barrenderos y tiendas de tabaco…clash, clash… es como un pasillo de dibujos animados, de esos en los que el gato persigue al ratón… lo recorres, lo recorres una y otra vez y nunca parece agotarse… el Franco… con los pies mojados… y no es agradable…clash, clash…
Antes de llegar a la catedral tuerces a la derecha. Caminas hacia la luz amarillenta de Platerías. Te parece menos amarilla que de costumbre, menos luz. No hace mucho tenías que entrecerrar los ojos para soportar el resplandor dorado que desprendía. Avanzabas hacia ella como hipnotizado, imbuido en las notas que pululaban por los soportales y… obnubilado, permanecías absorto en la vida que discurría entre aquella quietud subyacente que otorga lo viejo. Pero ahora, al sentarme en el soportal y observar la fuente, espalda apoyada en la columna del arco, encendiendo un cigarro, no encuentro el pasar distraído… no encuentro el teatro donde representé escenas de ojos que se humedecen y risas que se contagian. Sólo encuentro el mirar vetusto de una historia que se carcome, y el monótono paso de unas sombras herméticas que no tienen a donde ir. Allí, en el arco, con los pies mojados sobre la columna, observando la postal herrumbrosa en que se va convirtiendo la vida, sólo deseo llegar a casa para poder vomitar en paz.
Qué importa pues, que el paisaje se rompa antes de tiempo o que zarzales rojos obstruyan las salidas a los lados. Llega un momento en que la duda no sirve de moneda. Llega un momento en que el silencio más dulce y más helado se escurre como un garo por el angosto tragaluz del miedo.

La imaginación es, a veces, en ciertos momentos, el único sentido de la felicidad; y la vida depende de un estado de ánimo.
Yo me he imaginado un destino. Imaginé un tiempo y un espacio. Les puse nombre de ciudad. Viajé hacia un mundo sin pasado, vacío de fantasmas; y me entregué a él como una adolescente enamorada. Me desviví por descubrirlo, y, descubriéndolo, lo amé con la neófita ilusión y el descarnado fuego del amor primero. Miré a los ojos de cada rostro que me encontré y absorbí hasta agotar las almas que traslucían. Me empapé de sus mil historias y las hice mías, y sentí a su lado dolor y ternura, amor y pena… y ese momento sublime en el que dos personas, olvidándose de inútiles proyecciones, se miran indefensas y hacen de sus historias una leyenda común que se prolonga en el espacio hasta un punto maravilloso en el que ambos se comprenden. Entre amarga cerveza escuché y fui escuchado, y permite confesiones de esas que arañan por dentro. Disfruté de cada escena de café y humo, imaginando que el mundo se detenía… consternado… y yo le decía: “¡jódete cabrón, te vamos a cambiar, no puedes con nosotros maldito bastardo…!”
Quizás las paredes hayan absorbido todos aquellos fotogramas. Camino buscándolos con desesperación. Pero hay que ser consciente: después de tan larga batalla librada, sólo queda un cementerio de recuerdos… ¿qué son los recuerdos si no muertos albergados en tumbas, epitafios grabados en lápidas…? Y no existe soledad ni romanticismo cuando cada adoquín, cada columna, cada esquina que vuelves te grita al oído. Nadie puede caminar arropado en tal murmullo pues difícilmente hallará sosiego. Y cierto tipo de persona, aquella que se emboza en pusilánime envoltorio, no puede soportar los susurros llevando a cuestas tanto pasado. Y ve, pero no mira; oye, pero no escucha; vive, pero hace tiempo que ha muerto…

Pero el momento llegó de volver a la nada cuando los bueyes más mansos emprendieron la huída y una cosecha de soledad y hierba reventó sus redes.

Cuentan que una vez existió un curioso campesino de rubia cabellera y espesa barba que, dirigiéndose a sus labores, azada en mano, encontrose con Shakespeare y le inquirió en los siguientes términos:
- ¡Coño Shakespeare!, ¿Cómo estás, niño?
- Atrevida pregunta me haces pues… ¿cómo saberlo?. Cuan fugaz es mi ánimo que, de seguro, antes de acabar de nombrarlo ya habrá variado. Más he de responderte, pues igual de fugaz, y de hipócrita, es la respuesta que buscas… Bien.
- Eres un poco rarito Willy, pero “pa” mi que estás de mal rollo, majo…
- Muy a mi pesar he de contradecirte. No es la ira quien me mueve, ya que de ser así, estable motivación encontraría para el devenir de mis actos y con más claras palabras podría revelarte mi estado. Pero he aquí, impío destino, que lo que mi corazón solivianta no es la rabia contenida sino un extraño desasosiego que no acierto a describir…
- ¡Mira el otro!, ¡Menudos problemones!. ¿si quieres te dejo cavar un rato a ver si se te pasa?
- Sabias palabras pronuncias, campesino. Y quizá te sorprenda lo que de inmediato te confesaré, pero no dudes, por ello, de la honestidad que guarda esta delación de mi alma: mil veces he deseado cambiar mi pluma por tu azada, pues si tú con tu herramienta creas el cobijo de la vida y del alimento de tus hijos, yo sólo derramo amargos desesperos u atormentadas cuitas, y despedazo mi corazón y mis entrañas igual que tú la tierra, con la mía…
- Pero tú te educaste entre la más bella literatura y conociste a los más grandes hombres de Inglaterra, y aprendiste de los más ilustres sabios, y conociste la universidad…
- ¡Oh, la universidad! ¡cargado de esperanza emprendí el viaje hacia ella y desee abrazarla como a la mujer más bella que nunca hube imaginado!. ¿Pero qué sucedió entonces? Sólo imágenes fantasiosas e ideas obsoletas eran las que mi mente me mostraba. Ensueños de la enloquecida juventud que pretende cambiar el curso del mundo, ¡oh, bendita locura, bendita locura que no hallé en aquellos pasillos abarrotados! Tan sólo lúcidas mentes narcotizadas, brillantes pensadores adormecidos… ¡Universidad como un reloj de arena, desgranando gotita a gotita la ilusión, aún más, la inocencia, que había almacenado!, utopías que se escaparon entre los dedos y se desvanecieron más allá de la historia…¡de mí historia!...
y después de cuatro años no hallo más que un cartelito en mi frente que me dice lo que soy el resto de mi vida. Me da la bienvenida a un mundo que no comprendo, que no deseo y que no estoy seguro de que tenga sentido… Di adiós a la juventud en la que te cobijas, pues no volverá, como no volverá el tiempo de ser libre ni de ser loco… Acepta como un destino inevitable que has de seguir tu camino, pues a tal exilio te confina este mundo y llora a quien dejas atrás, pues representa el tiempo en que fuiste libre para vivir, pretencioso para soñar y joven para resistir. ¡Mi resignado campesino, en verdad es este mí mal: ver como la vida se define y cobra un recto camino, cuando su naturaleza, y la mía propia, es de colores brillantes y onerosas curvas, de quimeras que perseguir con obstinación teniendo la certeza de que son inalcanzables, de tiempo para mirar el cielo, de noches para brindar por Venus, de amigos con quien compartirlas y de amores por quien seguir escribiendo! Aquí, ante ti, prometo que permaneceré oculto al mundo, campesino, oculto a este trágico destino; y así, perdido entre viejas calles y rostros desconocidos, seré yo mismo quien mi vida dibuje con grandilocuente felicidad…

Y no quedó otra cosa que la duda fluyendo dulcemente, como nata derretida.Yo no sé si, después de la muerte, Olguín vendrá a dormirme con leyendas aprendidas en lugares lejanos. Pero es seguro que palabras absolutas, más absolutas que vasijas de aceite derramadas, me estarán esperando al otro lado del olvido
Abrió los ojos de golpe, súbitamente, como si algo la hubiese sobresaltado. Fue un gesto casi violento, como el estremecimiento que prosigue al susto, un repentino temblor… sin embargo, no había en su mirada, ni existía en su rostro, asomo de inquietud alguna, y permaneció así tres segundos, los ojos muy abiertos, calmos, sin pestañear, tres segundos… Despertó de su sueño mirando la oscuridad que envolvía la habitación con un petrificante sosiego. Y es cierto que durante ese momento, durante esos tres segundos, podía ver con claridad las formas que se dibujaban en aquel manto negro. Sí, las veía, mas no con extrañeza, sino con la mirada de quien ha indagado ya en todos los matices del objeto y no aguarda descubrir nada más. Durante tres segundos, los ojos , el mundo, la oscuridad que entra por la pupilas como dos objetos que se tocan en el vacío, las formas negras que se distinguen en la retina, tres segundos y… de repente… plaf… los párpados que se cierran pesadamente, recobrando el hálito de vida que pareció extinto durante esos… tres segundos… Se dio cuenta entonces del sudor frío de su espalda u de la sábana adherida a la piel. No turbó esta incomodidad, sin embargo, la serenidad que parecía invadirla, el sosiego que transpiraba ese rostro sin gesto. Dejó que su cabeza cayese melancólicamente hacia la izquierda y miró con indiferencia la tenue luz que entraba desde el jardín, pues aún no había despuntado el alba. Al rato empezó a distinguir las formas del escritorio, la silla en la que tantas horas permaneció postrada, la pluma u los folios en blanco que ya no escribiría.
Apaciblemente se incorporó y con la mayor inanimación imaginada se aposentó frente al escritorio. Escogió una vela de una hora de combustión, una hora para decirlo todo. Se adivinó a la luz de la vela cierto matiz de tristeza en medio de aquella escena inerte. Asió la pluma y el último folio del montón. Pudo coger cualquiera pero cogió el último.
Tenía una hora antes de que la vela se consumiese, una hora dentro de su cabeza, sólo el sonido de la pluma dibujando formas sobre el papel, sólo la voz que habla dentro a los escritores, lo demás… silencio y luz tenue… una hora…

“Al borde del abismo, ligeramente inclinada hacia delante, mirando a la oscuridad a los ojos… así he vivido estos años. Encerrada en este bórtice desde el que diviso con melancolía las vidas de los demás, mientras añoro con tristeza la mía, la que el azar me arrebató. Ya no hay rabia, ni dolor en mi alma… sólo la sosegada resignación de quien no espera ya nada. Pero que no te entristezcan mis palabras, amor mío, pues si tanto tiempo he permanecido de pie, sin arrojarme a tan profunda fosa, sólo ha sido porque tus brazos me abrazaron con fuerza, sólo ha sido por ver envejecer tu rostro ada noche, por oír tu voz antes de dormir… una vez más… Perdóname si pinté de ironía mi pena, si oculté tras escenas de rabia mi profunda aflicción…, perdóname si te hice llorar. Compartes mi alma, igual que yo la tuya, y por ello me consuela saber que lo comprenderás.
No consigo recordar desde cuando me siento así. Sé que fue esta enfermedad quien nubló mis ojos, pero no recuerdo cuando comenzó esta angustia que alberga mi estómago. Era como la conciencia de un trágico destino… te parecerá una tontería. No sé, quizás estuvo ahí siempre. En definitiva, eso fue lo que te enamoró de mí…
¿Sabes?, creo que sólo nosotros dos… en todo Londres sólo nosotros dos… éramos conscientes de que habíamos perdido la inocencia. Sólo nosotros dos nos dimos cuenta de lo estúpido del mundo, lo absurdo de todo lo que nos rodeaba… sólo tú y yo añoramos ese refugio silencioso donde nadie pudiera vernos. Por eso estábamos condenados (dulce condena) a amarnos. Ya no lo soporto más, mi amor, me voy a mi silencioso refugio, hoy lo vi al despertar y me pareció muy hermoso, me voy hacia la paz que no encuentro.
El tiempo no cambia nada, si acaso, lo hace todo más triste. Ahora que se agota, sigo siendo la misma niña que permanecía ensimismada mirando el mar, la misma chica a la que aprendiste a distinguir las estrellas, la misma adolescente que se enamoró de mil ensoñaciones (tú fuiste la única real, mi vida) y la misma mujer enloquecida que en su cautiverio imaginó poder volar libre como cualquier pájaro. En ese lugar, en ese rinconcito inmutable que hay en mí, allí guardo celosamente, mi amor, mi vida…
No puedo imaginar mayor felicidad que la que vivimos tú y yo…”

Virginia Wolf


…Y la vela se apagó. Con mecánica precisión guardó el folio en un sobre blanco en el que escribió un nombre… Con la misma expresión inerte que había mantenido en su vigilia, caminó hacia la puerta, espalda recta y andar decidido. El amanecer la cogió por sorpresa en el jardín. Hasta tal punto que se detuvo… se detuvo a contemplarlo… a mirarlo… bueno… a mirarlo como si fuese el último. En ese instante, quizás otros tres segundos, miró aquel despertar como miraba a las flores, y a las estrellas, y a los pájaros de su jardín… Pronto volvió a su indiferencia, a su quietud. Avanzaba rápido por el bosquecillo, sin pensar en nada. En su camino se encontró con el lago, pero siguió andando. El agua le cubría las rodillas y siguió avanzando, inerte, sosegada… no se detuvo tampoco cuando el agua le mojó el pecho, y, al instante, sólo quedó visible su mirada que no veía y su rostro sin gesto…un paso más y desapareció. Os parecerá una tontería, pero cualquiera diría que el sol estaba en su cenit y que en el bosque no se escuchaba ni un solo murmullo…

La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos. Y el tiempo huye de mí con un crujido dulce de zarzales. Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya de noche entre los blancos cercados. Cuando amanezca, será ya siempre invierno

onírica frikki

Letra Suzzane
Artista: Leonard Cohen
Suzanne takes you down to her place by the river
You can hear the boats go by, you can spend the night forever
And you know that she's half crazy and that's why you want to be there
And she feeds you tea and oranges that came all the way from China
And just when you want to tell her that you have no love to give her
She gets you on her wavelength and she lets the river answer
That you've always been her lover

CHORUS
And you want to travel with -her- and you want to travel blind
And you think you maybe trust -her- 'cause she's touched your perfect body
With -her- mind
And Jesus was a sailor when he walked apon the water
And he spent a long time watching from his lonely wooden tower
And when he knew for certain only drowning men could see him
He said all men shall be sailors then until the sea shall free them
But he himself was broken long before the sky would open
Forsaken almost human he sank beneath your wisdom like a stone
And you want to travel with -him-.../...'cause -he's-...
Suzanne takes your hand and she leads you to the river
She's wearing rags and feathers from Salvation Army counters
And the sun pours down like honey on our lady of the harbor
And she shows you where to look amid the garbage and the flowers
There are heroes in the seaweed, there are children in the morning
They are leaning out for love and they'll lean that way forever
While Suzanne holds her mirror

And you want to travel with -her-...
...'cause you've touched her perfect body with your mind

Ojalá tuviese más tiempo para escribir... os dejo mientras la canción que me enganchó a Leonard Cohen a ver si os pasa lo mismo... necesito escribir así que supongo que lo haré pronto...

¿Eterno Retorno?

No hace mucho que escribí sobre la extrañeza que me producía mi estantería de discos. El vértigo de la memoria, el vértigo de recordar el pasado y mirar, con asombro, un presente irreconocible en esos recuerdos. En definitiva, la traumárica conciencia del cambio, de estar cambiando, de haber cambiado y todo lo que eso implica...pero bueno, esto no es dramático, todo lo contrario , es lo que nos permite avanzar...
Mas no es pretendión mía divagar aquí sobre los recuerdos, el pasado o le peso de la libertad y el cambio. Más humilde es mi propósito. Os cuento:
Imaginaos el regional Santiago-Ourense una de estas mañanas de Otoño. Niebla, el vaho que se filtra entre tu aliento y la hermosa sensación de un frío cálido...y la hermosa sensación de entrar en el calor de un vagón casi vacío. Os lo estáis imaginando , verdad?... Tú te sientas con los pies en el asiento de enfrente, enciendes el primer cigarrillo de la mañana y pones el walkman. Sí, el walkman. Ese aparariro ensurado por el discman que no sabes muy bien qué diablos hace en tu mochila... pero el caso es que está..¿eiiiii!, dónde te has metido estos años..?-le preguntas
Tú, que te guste o no eres un poco frikki, esperas a que el tren se ponga en marcha para pulsar el play. Esto hay que imaginárselo eh?, si no no vale. Dos caladas, el tren comienza a andar y tú pulsas play entre divertido y curioso por saber qué olvidada melodía emana de los cascos... y resultó que la melodía estaba más olvidada de lo que tú creías. O más bien permanecía en ti en un estado latente, incrustada allá, en lo más hondo de tu inconsciencia y de tu historia. Era un disco de Nach Scratch, hip-hop español. "Atrapado en la brevedad de los días, en una cinta TDK de 90 minutos. Quizá lo grabé con 15 años, mi época rapera (sí, sí, tuve una época rapera muy acentuada, buscando yo mi identidad por lo s barrios de Ou con mis "pantakas" anchos y mi camiseta hasta las rodillas). Redescubrir ese disco en ese momento, es decir, justo al inicio de un viaje en tren era curioso. Era curioso por que el disco (es muy significativo el título) es muy biográfico, muy descarnado y muy melancólico. Y sentí un gran placer al ver discurrir el paidaje mientras escuchaba hablar a este chico, que tenía entonces 23años (Dios, qué cerca estoy) sobre problemas tan próximos y de forma tan bella. Un vagón semi-vacío, el paisaje ondulándose por el traqueteo del tren, un camel haciéndote un poco de daño en la garganta y el placer de escuchar la vida y las inquietudes de una persona como si estuviese a tu lado, sentado, en ese mismo estado de feliz insomnia. 23 años transcurriendo a la misma velocidad que el paisaje.
Doble melancolía, la del recuerdo y la del disco.
Os dejo las letras de algunas canciones para que os imaginéis como es el disco (mirad sobre todo Basado en hechos reales) y os ruego que no os dejéis llevar por prejuicios. Es una historia de dos vidas, la de NS y la mía. Es un ejercicio de buen hip-hop (que también se puede hacer buen hip-hop igual que se puede hacer buen pop pese a lo que día a día vemos en los medios), un ejercicio de contenido, una filosofía y, sobre todo, la posibilidad de conocer a una persona en 60 minutos, medio viaje Santiago-Ourense
He vuelto a escuchar hip-hop, también he vuelto a escuchar a los Scorpions (mi primer grupo heavy) y a los Doors. Me encantan los Doors.
He regresado a mis principios musicales?, no, evidentemente no. Difícil desandar el camino andado. Pero es bonito recordar... es bonito recordar sensaciones y sentir recuerdos y pensar que sentiste eso y recordar que sentías y sentir, sentir, sentir...

vaguedades

Llueve. Han apagado la calefacción hace un rato y comienza a hacer un poco de frío en la habitación. Aprovecho que estoy sólo, por fin sólo después de tanto tiempo, para pensar un poco. Un café, que no me salió muy bien, luz de flexo y tinieblas alrededor como uno de imagina que hacen los escritores. Sigue lloviendo. En Santiago llueve mucho...
Un libro sobre la cama: El Extranjero de Camus. Novela rancia, ocre, aplasta un poco... escepticismo, apatía... poca cosa después de leer a Sartre. Lo de siempre, típica obra del postmodernismo francés (Dios mío, tendrá algún sentido esto último que escribí?!, "típico postmodernismo francés", ahí queda eso...). Pienso en que estoy harto de esta literatura sin luz que tiene tanto de verdad como de sinsentido. Prefiero leer cosas bonitas, prefiero a Baricco (ya sé que estoy un poco pesado con Baricco), pero también prefiero a Tim Burton, o a Withman o al ñoño de Cappra (se escriben así, verdad?)... ya basta de exportar al mundo Harry Hallers y Roquentins.
Es extraño ver los discos en la estantería. Casi no hay heavy. Lo estoy dejando. Está la discografía de Metallica y un par de discos de Megadeath, poco más. Es preocupante fijar la mirada en la discografía de Sabina, al lado de la de Leonard Cohen, al lado de los discos de Aute, Silvio, Calamaro, Dylan, Carla Bruni y Marlango (estos dos últimos un poco por fetichismo...). Os lo imaginais? Todos en fila, uno detrás de otro... y tu preguntándote dónde coño están los discos de los Judas, de Manowar, de Slayer... dónde coño estoy yo!... ¿estaré madurando?...espero que no.
El café no estaba tan malo después de todo. En el CD suena, inapropiadamente dadas las circunstancias introspectivas, el Help de los Beatles (veis como estoy raro?). Sigue lloviendo. Todo transcurre, el CD, la lluvia... y quizás eso sea un peso demasiado grande para mí. O por lo menos, demasiado grande como para perder el tiempo leyendo El Extranjero.
Hace sólo un año todo esto, la habitación, la música...todo era muy distinto. Supongo que eso es bueno...preguntarse cómo será esta habitación el año que viene.Dejar que llegue tranquilamente, mientras llueve...
Me voy a fumar. Todo esto se debe poner en una Weblog...?
Por lo menos me escuchais. Es curioso que desee estar sólo para poder hablar...

"Hoy he visto mi rostro tan ajeno,
tan caído y sin par
en este espejo.

Está duro y tan otro con sus años,
su palidez, sus pómulos agudos,
su nariz afilada entre los dientes,
sus cristales domésticos cansados,
su costumbre sin fe,sólo costumbre.
He tocado sus sienes:aún latía
un ser allí. Latía. ¡Oh vida!

Pero ahora me mira-mudo asombro,
glacial asombro en este espejo solo-
y ¿dónde estoy- me digo-
y quién me mira
desde este rostro, máscara de nadie?

(1AM-Sábado/cómo escribir un artículo sin tener nada que decir (pa que aprendas Eli). Poesía de Valente, parte pedante indispensable en esta Web... disculpad)"

Música para onanistas

-os acordáis de mí?
Madame Blanche asintió con uin milimétrico gesto de la cabeza
-os necesito otra vez
Le tendió la cart. Ella no tenía ninguna razón para hacerlo, pero la cogió y la abrió. Miró las siete hojas una a una, después levantó la vista hacia Hervé Joncour
- Yo no amo esta lengua, monsier. Quiero olvidarla, y quiero olbidar aquella tierra, y mi vida allí, y todo. Voy a leer por vos esta carta. Lo haré. Y no quiero dinero. Pero quiero una promesa: no volváis jamás a pedirme esto.
-Os lo prometo, madame
Ella le miró fijamente a los ojos. Depués bajo la vista hacia la primera página de la carta, papel de arroz, tinta negra.
-Amado señor mío
Dijo
-no tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá.Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, cierra los ojos y acariciate, te lo ruego, no abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio
ella se detuvo, continuad, os lo ruego dijo él
-es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí me gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendras mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás donde si no abres los onos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente
ella leía despacio, con una voz de mujer niña
-tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez dea en tu sexo, apoyaré mis labios en tu sexo, apoyaré mis labios, allá abajo, y los abriré bajando poco a poco.
dijo ella, tenía la cabeza reclinada sobre las hojas, y con una mano se rozaba el cuello, lentamente
- Dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliba descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano,uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, por que te deseo, y con el corazón entre mis labios tu serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tu serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mío, y mírame, soy yo, quén podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran,
dijo ella, se había inclinado hacia la lámpara, la luz se reflejaba en las hojas y pasaba a través de su vestido transparente,
-tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mi moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz,
Él escuchaba, de pronto se volvió a mirarla, la vio, quiso bajar los ojos pero no lo consiguió
- mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, tus golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta donde hacerme daño, hasta dónde quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada, no queda ya tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá, hasta el final.
dijo ella con un hilo de voz, después se detuvo.
No había más signos en la hoja que tenía en la mano: la última.
Pero cuando le dio la vuelta...
- No nos veremos más señor
dijo
- Lo que era para nosotros, lo hemos hecho, y vós lo sabéis. Creedme:lo hemos hecho para siempre. Preservad vuestra vida resguardada de mí. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós.

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Razones para amar a Leonor Watling

En ciertas ocasiones es estúpido tratar de ser objetivo, o riguroso, o fríamente analítico, o periodísticamente correcto. Por eso, horas después de ver Inconscientes, no estoy dispuesto a emitir ningún juicio de valor fruto de una concienzuda reflexión desgranatoria de los pasajes más intrincados de una película que no pasa de ser... un film entretenido (eso sí, con algunos destellos muy graciosos). Lo que pretendo en estas líneas es más hermoso, y tiene que ver con cierta ilusión romántica y con cierta alma concupiscente, tiene que ver con Becker pero también con Baricco, Kundera o Valdés.
Más que cualquier otra cosa, se trata de una confesión que hace quien vive ensimismado con un rostro. Esto hay que entenderlo bien: "...ensimismado con un rostro". No con una sonrisa evidentemente bella, ni con esa mirada juguetona que oculta su travesura bajo un velo de inocente y cristalina puerilidad. Tampoco juzgo en exclusiva aquel gesto que estremece... con los ojos mirando curiosos y los comestibles labios entreabiertos, esperando el devenir de un algo que quizás sea un silencio, quizás una respuesta, quizás un pensamiento...
No, no es esto. Es todo ello hecho obra de arte. Todas estas cosas como elementos que constituyen una nueva existencia. Una nueva existencia que es su rostro. Y un rostro que embelesa.
Todo ello me impide expresar otra cosa que no sea mi más romántica predilección y mi más sincero favoritismo.
Sabed pues, que lo que mis ojos ven en relación a Leonor Watling es siempre placentero y por ello son mal jurado para los juicios que nos ocupan. Lo mismo sucede con el disco de Marlango: Emerge de los compases de un blues contemporáneo, una voz soul caracterizada por la dulzura, la sensualidad y la fuerza. Un disco que sin grandes alardes musicales cumple con las exigencias técnicas del estilo (desafortunadamente poco cultivado en España y en español) y me envuelve y me abstrae hasta aletargarme con una facilidad insolente.
Hecha esta advertencia sobre mi objetividad, os recomiendo encarecidamente que os dejeis enamorar por L.Watling... Quién fuera poeta de tan espléndida musa.

La ceremonia del adiós

- Así pues, esta es la ceremonia del adiós
Le dijo Sartre a Simone de Beauvoir cuando esta se levantaba de la mesita del restaurante "La coupole". Lo dijo con el rostro contraído por una dulce sonrisa de anciano, con los ojos diminutos enmarcados en un bosque de arrugas del que brotaba, tierna y limpia, una mirada apagada por los años
-Así pues, esta es la ceremonia del adiós...
Y Simone sintió como un soldadito de juguete le disparaba en el vientre provocándole un dolor fugaz y agudo como el pinchazo de una aguja. Le siguió un súbito estremecimiento que recorrió poco a poco, lentamente, cada uno de los órganos que hasta entonces creía dormidos, y se instaló en esa región sin nombre a la altura del pecho, como una náusea caliente e imperecedera.Se levantó. La náusea quemándole por dentro, el corazón, el estómago, los pulmones...Se levantó y caminó dos pasos. Los ojos brillantes a punto de llorar. Se levantó, caminó dos pasos sin decir nada y puso la mano en su hombro. La mano en su hombro y los ojos bellos y brillantes, cubiertos por el frágil cristal que contiene las lágrimas. Se levantó, camino dos pasos, sin dejar de mirarlo, sin decir nada, puso la mano en su hombro y se fue. Como haciendo el amor. Simone de Beauvoir y Sartre en el restaurante "la coupole", 1971.
Y ella se fue como haciendo el amor, derramando por sus ojos todo el placer contenido. Sólo que no era placer, era una náusea ardiente que la devoraba por dentro, en cada respiración , en cada latido...

P.D. Dedicada a aqueles que marchando moi lexos fican máis preto ca nunca. levade como agasallo un silencio, un agarimo e uns ollos vidrosos... Ahora no queda sino batirse.

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