
Miércoles, 11 y 20 de la noche. El mosquito, rúa de San Pedro, piedra sobre la que forjar iglesias. Un yonqui. Invita a unas copas. Yo no estaba. A mí me lo contaron. Yonqui sin rostro. Estereotipo de yonqui. Invita a unas rayas. De heroína. Es miércoles. No gracias. Es un yonqui reinsertado. Está reinsertándose. Desintoxicándose. ¿Qué se siente con un chute de heroína? ¿Cómo te enganchaste? ¿Por quién te desenganchas? Responde a todo. Tom Wolfe estaría encantado. Tiene un plan. El yonqui. Redecorar con plástico el parque que está al lado de Bonaval. Con figuritas de plástico. En la pista que sube hacia el CGAC. Con plastiquitos de colores. Por donde sube el 15. Un árbol de plástico. Roble esquemático. Idea de roble. Lo harán él y los chicos de un centro de acogida en Roxós. Chicos sin rostro. Idea de chicos.
Dice que la Ilíada reproduce los comportamientos típicos de la sociedad occidental. Yonqui listo. Me supera, tío. Invítame a esa raya y préstame la Ilíada un par de horas. Raya esquemática. Idea de línea.
Dice que la Ilíada reproduce los comportamientos tipo de la Biblia. Yonqui listo. Que sea de heroína entonces.
Mosquito, 11 y 45 minutos. Dice que hay una adaptación contemporánea de la Ilíada. De Baricco. Una adaptación para ser narrada en público por actores que representan, por turnos, a los distintos personajes del libro erigidos en narradores de su propia historia. Baricco listo. Original. Mediático. No quiere salir en los medios. Interesante.
El parque quizá nunca atardezca engalanado con figuritas de colores.
El parque quizá amanezca mañana y el sol haga reflejos en la idea de pájaro rojo.
Una vez que pruebas la heroína eres un yonqui. Una vez que besas eres un yonqui. Una vez que follas eres un yonqui. “Por que así es como te engaña la vida. Te atrape en un instante. Y ya eres para siempre un exiliado a miles de kilómetros de aquel beso, de aquella raya, de aquel olor, de aquella imagen, de aquel instante… a la deriva”.
Este es un pasaje de Baricco. Lo escuché recitado en la Radio Galega la madrugada de un sábado. Programa grabado. Sólo música y fragmentos de libros. Lo reconocí. Me asusté. Soy un yonqui. Ahora lo reproduzca tal y como lo recuerdo. Fragmento inexacto. Fragmento esquemático. Idea de pasaje.
Dejados atrás los ojos admiradores de la infancia y los anales remotos de un principio abisal, hoy he amanecido preocupado al cogerme el presente “in fraganti”, “en bolas”, “pillado”. Desnudo en el armario diciendo “esto no es lo que parece”. Así. Me pilló.
Me recuerdo antes del principio como un extraño, un extranjero, casi un catalán… Uy, perdón. Recuerdo que la universidad era otra cosa, pensaba yo. Recuerdo que leía a Kafka, que me encantaba E. Mendoza y me gustaba Manuel Rivas. Recuerdo que leía El País. Cuatro años después, Manuel Rivas me despierta tanto interés como Ana Rosa Quintana y me resulta divertido leer a Federico J. L. S. (no lo escribo entero por que él es omnisciente y lo sabe todo, que por algo trabaja en la COPE). Y hoy me he sorprendido en el kiosco comprando el Marca. Es para preocuparse. De esos momentos en los que te miras y piensas ¿Joder, qué cojones estás haciendo?... Así que, descartando echarme la culpa a mí mismo por razones de salud obvias, he decidido buscarla en agentes externos. Es entonces cuando me encuentro con un post de Elianinha sobre Manuel Gago. De Elianinha, que escribió un visionario artículo sobre el acto de licenciatura que me gustaría retomar y que ya forma parte de la parte más brillante de la historia de la literatura de las blog. De Elianinha, que cada vez que la leo me entran ganas de escribir. Y, como quiera que después de cuatro años se me había olvidado como se hacía, he decidido curarme en salud despotricando contra los USC Journalism teachers. Conste que esto no es propio de mí pero la situación lo exige. Les ruego que tengan en cuenta que lo hago por mi bienestar mental, pa curarme, que yo contra los teachers no tengo nada. Vive Dios. Faltaría. Con todo lo que tengo que agradecerles!. Piensen que alguien tiene que ocuparse del trabajo sucio, que Gago es una pequeña luz dentro de un desolador paisaje. Un cosmos ingobernable, un sin dios de tamañas dimensiones que analizarlo produce cierta congoja visual. Más o menos es así. El profesorado de xornalismo, digo. Un panal en el que los miembros se agrupan por celdas de dos o tres personas. En que todos piensan de todos que son unos gilipollas. Y todos tienen razón.
En este sistema de celdas resulta una utopía inalcanzable recibir una educación integral mínimamente coherente, o progresiva, o coordinada… Formar personas es un trabajo relegado a la educación primaria que en muchos casos fracasó. Mientras que una persona no deja de formarse nunca (¿Nunca?. Nunca. Joder. Acojona ¿no?. Sí. ¿Ni a los 50 años?. Ni a los 70. Vaya. Ya ves) esta función es ignorada en la licenciatura, que traslada sus prioridades a la “clase miting” y a información útil.
Miting: esto vale tanto para los que rinden homenaje a su ego en cada sesión como para los que se valen de su libro (construido a retales de otros) como única referencia pedagógica. Provoca confrontación entre las distintas aulas, contradicción de informaciones. Nos lleva a una posición casi posmodernista, psicoanalíticamente compleja. En primero tienes que creer ciertas verdades, en segundo tragarnos su reverso, en tercero conocer la verdad de la ecuación para pasar a otra verdad que será puesta en duda en cuarto (información simple. información especializada. Hai que ser objetivos. La objetividad no existe. El guión en radio es imprescindible!!!! Producto para todos, producto para nadie. Hay que abarcar el público objetivo más amplio posible, la digitalización se hace digitalizando. People are strange…).Útil: Pirámide invertida, géneros periodísticos, concepto de raccord ( lo que nos llevaría estudiarlo, aproximadamente, cuatro meses y medio de licenciatura). Obvio lo que aprendimos de locución. Obvio lo que aprendimos de avid. Obvio lo que aprendimos de Quark. (¿Cuatro meses y medio?. Bueno, dejémoslo en cinco y una recuperación en septiembre)
Nos quedan todavía dos eslabones en la cadena: los que cumplen su función con fría apatía, que suelen ser profesores asociados y Antía, y los incompetentes.
Muchos de los primeros son bastante buenos aunque no te motiven lo más mínimo. Yo no fui a la clase de muchos de estos profesores cumplidores por esta falta de motivación. Reconozco que es una excusa pobre. Es como decir “necesito trabajo pero no hay ninguno que me motive”. “Estoy encerrado en la habitación cascándomela porque no me motiva la vida…”.
Los otros son los que miras con estupefacción. Como un espectador asistiendo a una comedia mala. Los miras y no te lo crees. ¿Esto es posible? ¿Este tío es posible?
Este tipo de cómicos alcanza una especial hilaridad cuando se ve obligado a impartir teorías inventadas. La teoría de la radio o la teoría de la tele. Se puede hablar de la historia de la radio pero es muy complicado saber “hacer radio” en base al estudio de las cualidades del sonido… El plan de estudios se reduce a prácticas insuficientes y a teorías innecesarias. Teorías innecesarias impartidas por incompetentes que escriben libros insulsos que otros incompetentes podrán utilizar para impartir teorías inútiles.
Claro. Luego llegamos a cuarto y nos dice Freixanes que viene notando deficiencias. No te jode. Y yo. Las noto desde primero.
Por todo ello, sin entrar en hechos más hirientes, encabronado porque no me han dado una beca en cuatro años y he fomentado la reproducción de tan lamentable panal con el trabajo de mis padres, hoy pronuncio mi Voto de Castidad:
Quiero
1… que alguien me diga que hacer periodismo es hermoso, jodido, pero hermoso.
2… que me enseñe Avid alguien que sepa manejarlo
3… que Les me dé su asignatura. SU asignatura. La asignatura LES. Y que otro me explique historia del periodismo.
4… que se premio lo creativo, lo original, a la gente que se esfuerza por hacer algo distinto o, simplemente, bien hecho. No a quien fotocopia los apuntes en el examen. Sino volveremos incurrir en la reproducción del panal.
5… que se elimine toda aquella información chapada a conciencia que no sirve para nada y que, por otra parte, tampoco es interesante (¿cuatro meses y medio?. Cinco, a lo sumo)
6… que alguien me explique quien coño son todos esos personajes que pululan por la facultad y que nadie sabe quienes son ni que diablos están haciendo
7… que los proyectos de la facultad sean los de los alumnos y no los de los profesores
8… que los proyectos de los profesores no los hagan los alumnos
9… que aprendamos a ser personas capaces de ejercer como periodistas
10… que Arale pueda volver a una facultad digna de ella
Quizás estoy siendo un poco apocalíptico. Pero ya saben, no es nada personal, es por mi salud. Sepan ustedes que, pese a todo, esto no es propio de mí...
Muere el silencio y un grito atraviesa la sala de estar. En la habitación solo hay un cadaver sobre esa alfombra de la que siempre quise deshacerme. Sofía se ha ido.
Con sus ojos claros y sus turgentes caderas despidiéndose a través de la puerta. Sofía se ha ido. En su lugar, un cadaver. La habitación, el cadaver y yo. Sofía se ha ido.
Ha empezado a oscurecer. En mi mente aun retumba aquel grito. Se mezcla con miles de imágenes: la sangre, el ventanal, los ojos de Sofía… Ahora recuerdo como empezó todo, ¿en qué momento empezó a torcerse? ¡Recuerdo! Wiski. Beber para olvidar. A la mujer y al pasado. “Los caminos del señor son inescrutables”, decía don Ramiro. Bebe, viejo, bebe. Qué me diría don Ramiro? Qué me diría Sofía? Las cosas son así, suceden. Y no tiene demasiado sentido pensar cómo hemos llegado hasta aquí o cómo vamos a salir de esta. Eres tú el que está bebiendo wiski en el sofá, al lado de un cadaver. Sólo con un cadáver porque Sofía se ha ido y sólo te queda el wiski.
El olvido, esa es mi decisión. No voy a quedarme a perder el tiempo, hasta ser como ese pobre diablo de la alfombra. Hoy me siento como uno de esos perros viejos, uno de esos protagonistas de cine clásico. Uno de esos tipos que ya están de vuelta cuando todos aun van. Estoy en esta habitación, pero yo aun estoy vivo…
¿Estoy vivo?, ¿estoy loco?, quizá sea sólo eso, estoy loco, un vivo loco de entre los millones de vivos dementes que se arremolinan en esta ciudad. ¿Y es eso estar vivo? Cuánto de vida hay en la locura. Cuánto si este ser que me habla en realidad no soy yo. O quizá sí soy yo. Quizá soy más yo que nunca. Sí, eso debe ser. Estoy más en mí mismo de lo que nunca estuve. Sin ocultarme de nada. Siendo, sola y tristemente, siendo. Todos los años anteriores eran sólo una comedia, una farsa de la que ahora me he redimido. Quizá es ese uno de los efectos del asesinato. Dicen que una vez que matas a alguien ya no tienes reparo en seguir matando. Falta de escrúpulos le llaman algunos. Los psicólogos lo interpretarán como el cruce de una línea, de una etapa en la que ya estás y en la que continúas actuando. Matar es el asalto a esa etapa. Pero los psicólogos no matan.¡El “alumbramiento”! diría don Ramiro. Sí, es eso. No se mata por haber abortado los escrúpulos. Se mata por el descubrimiento. La revelación de una gran verdad: que no hay reglas. Esa es la gran verdad que no quieren que sepamos. Desde pequeños nos encorsertan en un papel, un guión que debemos cumplir a raja tabla: estudias, trabajas, te casas, creas una familia y la palmas. De vez en cuando ves telebasura, te emborrachas o echas un polvo. Eso es todo. A eso se reducen las prestaciones que la sociedad te ofrece. No, yo no voy a caer en esa rutina. Mierda, es el último cigarro, creo que es el momento de irse. Irse, irse… a dónde ir. ¡Tierra de los malditos, calle del olvido, dónde estás? ¿Por qué te escondes de mí que nací para morar en tus cavernas y comer de tus frutos? Coge el dinero, baja las escaleras..no, no. Coge el dinero, llama a un taxi, baja las escaleras y díselo, díselo a él, que vas al País de los Condenados. Díselo, que allí ha de llevarte. Allí aguardaré el Tártaro. Allí, con mi gabán, mi Jonnie Walker y mi Bull Brand rancio. Allí…¿dónde?, no, no… ¡elucubraciones! ¿dónde está mi destino? No lo sé, pero allí a dónde me aguarden ha de irse escaleras abajo.
No necesito nada, cerraré esta puerta tras de mi y todo quedará atrás. Tengo el dinero y una vida para gastarlo. He de salir de esta ciudad, pero antes pasaré por el “black Jack”. En nigún sitio sirven un wiski igual. Es mi noche de despedida, así que me relajaré, compraré cigarrilos y disfrutaré del mejor wiski de esta jodida ciudad. No está mal para empezar. Y a partir de mañana, ¿quién sabe?. Definitivamente, “los caminos del señor son inescrutables”. Don Ramiro encerraba en aquella apariencia de alcohólico acabado toda la sabiduría popular de las tabernas.
X.-…
G.-…
X.-… Dicen que vas actualizar tu blog…
G.- Sí. Eso dicen…
X-…
G-…
X.-…
G.-… Bueno. Hola, qué tal estás, me alegro de verte…
X.- ¿De verdad te alegras de verme?
- No, pero ya que estamos aquí tendremos que hablar…
-…
-(gesto de negación con la cabeza) Joder. Me pones una Leff negra.
- eh… para mí un café gracias…
- Ya eres periodista, supongo.
- Casi, aunque no sé si eso es bueno o es malo… la verdad es que no tengo claro qué voy a hacer.
- Como en toda tu vida.
-…
-…
- Entonces, ¿vas a continuar con la blog?
- Creo que sí. Bueno, dependerá de si se acaba la batería ahora o aguanta un rato más…
- Después de tanto tiempo…
- El tiempo es para los que vivís atado a él. Los que fijáis fechas para los exámenes, los que tenéis plazos de matrícula, los que salís el jueves porque es jueves, en fin de año porque es fin de año… como si tuvieseis algo que celebrar… Yo vivo como un ente y, como ente, prescindo del tiempo.
-…
-… y eso no es necesariamente bueno. El tiempo, como las drogas y los condones, no tienen asignadas cualidades absolutas, todo depende de cómo los uses…
-…
- … en este supuesto, parece más lógico pensar que la carencia es, esencialmente, más negativa que la posesión, excepto en aquellos casos, imagínate a ti mismo cómo ejemplo, en los que la posesión supone una carga que oprime la necesidad de fragilidad, de no existir, de no significar para el conjunto de fenómenos que se encuentran naturalmente ligados y sensibles a cada fenómeno individual.
-…
-…
- ¿Tenías ganas de escribir?
- Depende de lo que entiendas por escribir, los que tenemos una blog no escribimos necesariamente. Pero en fin, tú que vas a saber… De todos modos, lo hago más por El Círculo que por mí mismo. Yo dependo de la creatividad, de la autoestima, de lo que veo y leo, de lo que escucho y de las ganas que tengo de transmitirlo, o más bien, de compartirlo. Y eso significa que lo que comunicas lo compartes por deseo de estar en contacto o de hacer partícipe o de empatía. Si soy bueno, es para transmitir lo que es, está siendo, fue o fue durante un instante importante para mí a la gente para la que no sé si sería importante. Si soy malo… en fin…; es comunicación ¿no?… Pero ahora ya no es por eso, ahora formo parte de un fenómeno social,
- El círculo…
- El círculo, sí.
-…
-…
- No sabes lo que es el círculo…
-No…
- Gran periodista…
- Aún no soy periodista y, para tu satisfacción, cuando lo sea no seré mejor de lo que soy ahora.
- No te equivoques, tú no me provocas satisfacción ni ningún otro tipo de emoción. Simplemente una sutil indiferencia, prácticamente imperceptible (en esos momentos aunaba su pulgar y su índice hasta casi tocarse, pero dejando un insignificante espacio entre los dos), que se manifiesta al igual que un insecto que se posa en la piel. Lo notas un momento y luego se te olvida sin que tengas claro que tipo de insecto o partícula de aire o polvo fluctuante ha sido lo suficientemente molesto, durante ese microsegundo, para penetrar en el sistema decodificador de tu tacto…
(trago de cerveza)
Yo diría que… si tenemos en cuenta el número de pobladores de la tierra, incluidos los seres unicelulares, tu efecto sobre el mundo que te rodea tendría, más o menos, un valor proporcional al espacio que ocupas en un campo perfecto en el que cada unidad eventual se manifestase sin masa y sin volumen, simplemente como es en sí misma, en su propia naturaleza de unidad y con un valor cuantitativo. Más o menos, ese es tu sentido en el mundo. Añadiendo a estas variables el inevitable baremo físico del tiempo que convierte a tú valor cuantitativo, que hasta este momento era insignificante, en casual, caduco, eventual, coyuntural y relativo, o lo que es lo mismo, imperceptible…
-…
-…
-… Sí, recuerdo que me lo habían dicho alguna vez pero no me lo tomé muy en serio. Alguna chica seguramente.
- No creas que me desagradas, en cierta forma, me resultas gracioso… ya sabes… víctima del Tótem y del Tabú.
-Sí, eso dijo la chica: “no es que no me gustes, me pareces muy gracioso…, podemos ser amigos”, creo que añadió.
-…
-… Vas a responder o prefieres que sigamos hablando de mí un poco más…
- Bueno, eso hace la gente ¿no?. Hablar de cosas insustanciales en las cafeterías… ( se sentía divertido en el lance de la humillación. Disfrutaba del poder que le otorgaba un interlocutor indefenso que llegó vencido a su mesa , que vivía una escena laboral señalada dentro de un historial olvidado, o condenado a olvidarse; una escena tan diferente a la suya, a la cerveza nocturna que inicia el día, que preludia la madrugada, que soborna un estado de mente, cuerpo y espíritu tan superior, tan inherentemente superior… Ante este pensamiento casi no puede contener una carcajada: tan naturalmente superior) Quieres saber lo que es el círculo, ¿eh?... es un tanto complicado explicarlo…
-Pero seguro que a ti se te ocurre algo.
- Verás. El círculo es un fenómeno que tal vez nunca exista. Una proyección. Una predicción de un futuro que tal vez no llegue. Un absurdo y un hito. Un deseo y un fracaso. Un acontecimiento que quizás nunca trascienda de esta conversación. Un momento histórico que ahora mismo puede estar muriendo, entre estas paredes. Puede que se hable de él durante años o que nunca más se nombre. Es y, al mismo, tiempo, deja de ser. Es materia en un estado previo, anterior a toda existencia, pero que existe, pues ahora mismo, entre nosotros, está existiendo, pero podría no existir nunca.
-…
- ¿confuso?
-No. Más bien abrumado por tanta originalidad: “El Círculo”; a nadie se le hubiese ocurrido…
- Ja, ja… ¿sabes que eres bastante divertido cuando te enfadas?
- y yo no he venido aquí para que me vendas humo o los delirios de grandeza de un maníaco depresivo en su momento de máxima erección…
-¿Ves?, otra vez eludes responsabilidades. Tú decides, crees o no crees, pero no me pidas que te diga lo que tienes que hacer.
-…
-…
-… es inútil hablar contigo
-… estoy de acuerdo. Es absurdo hablar contigo y ya no puedo perder más tiempo de mi vida haciéndolo. Así que, lo siento, me tengo que ir. He quedado en la otra punta de la ciudad hace 10 minutos (estaba de pie y apoyaba la mano derecha sobre la frente en forzado gesto de olvido. Mientras hablaba parecía seguir sonriendo..). Es una lástima, me lo estaba pasando muy bien
(apoyó las manos en la mesa y se acercó como si fuese a confesarle un secreto)
y esto, amigo mío, lo digo en serio, eres muy gracioso
(avanzó por el pasillo que transcurría paralelo a la barra y se marchó sin pagar. Antes de cruzar la puerta todavía hizo una última aclaración en voz alta)
- Cómo puedes ver, aunque no estoy en posesión del tiempo, puedo utilizarlo con mucha soltura…
P.D. En el camino de regreso, tuvo tiempo de pensar en si de verdad significaba algo, o no, lo que él llamaba El Círculo. Pensó también si de verdad lo odiaba, o no. La noche comenzaba a cerrarse y notó que tenía hambre. Fue como un regreso a la consciencia. Otras preocupaciones le turbaban ahora, qué iba a comer (en el frigorífico sólo quedaban medio paquete de tranchetes, un par de yogures probablemente caducados y un cartón de leche probablemente cortada) y, sobre todo, qué le iba a contar a su jefe sobre la conversación que acababa de tener. Algo se le ocurriría para rellenar la página de mañana, pero en cuanto a su jefe… estaba muy ilusionado con esta entrevista, había sido él mismo quien había conseguido la información precozmente de boca de una “amiga” 24 años más joven que conoció por casualidad en una de sus “escasas” escapadas nocturnas del hogar familiar. Resulta que la chica en cuestión era una intelectual redomada y difícilmente soportable. Frecuentaba los cineclubes y algunas cafeterías de relumbrón dónde se reunían pintores y escritores, y tenía acceso permanente al auditorio tras un brillante y fugaz pasado como violonchelista. En algún momento, en alguno de estos lugares, alguien le contó algo sobre alguna cosa llamada El Círculo. Y, en realidad, esa era toda la información que mañana tendría el periódico. Además de estos pequeños privilegios en forma de confidencias y chivatazos sobre su director, su mundo de periodista no le producía ningún otro tipo de satisfacción. Siquiera alguna información con la que se comprometía o alguna entrevista que le decepcionaba. Por lo demás, medio paquete de tranchetes, un par de yogures y un cartón de leche. Probablemente caducados.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/